Nuevos horizontes

Noticias frescas… esta vez ya muy cercanos a la realización del sueño que nos ha mantenido ocupados este último año. El 15 de agosto del 2015 solicitamos en la alcaldía de Salento nuestro permiso de obras, que llegó tres meses más tarde y nos permitió poner la primera piedra. Justo un año después tenemos la casa prácticamente terminada. Y estamos a cuatro semanas de inaugurar el Ecoresort Gran Azul, el hotel que ha de ser morada de los viajeros que desembarquen en este país en busca de nuevos horizontes y aventuras.

Las sensaciones son, sobre todo, de emoción. Mucha energía y constancia hemos metido en este proyecto, que ya llega a su fin. Similar a un embarazo la construcción va creciendo día a día, y sentimos ahora que este estado ya se acaba, y empieza una nueva etapa ya con el “bebe” en nuestros brazos. Es decir, pasamos de constructores a hoteleros, empieza una nueva actividad, que con certeza tendremos que ir conociendo y de la que todavía tenemos mucho por aprender. Pero no nos faltan las ganas!! Con mucha ilusión de que la casa y sus habitaciones se llenen de personas, de niños, de risas y conversaciones. De que esta casa que ha ido formándose ladrillo sobre ladrillo y que ahora todavía se siente fría, inhabitada, pase a absorber todo el calor humano y la energía que la rodea. En definitiva, que cobre vida!

Durante estos últimos nueve meses hemos tenido a bordo a un buen equipo de trabajadores, liderados por un excepcional maestro de obras, Crespo, carismático y lleno de energía positiva, que además de hacer un gran trabajo ha supervisado a sus operarios siempre con buen humor y muchas risas. Y estamos donde estamos gracias a Jordi, siempre al pie del cañón, supervisando, colaborando, metiendo “las manos en la masa”. Y sobre todo suministrando los necesarios materiales que paulatinamente se iban utilizando para la obra. Además de este equipo base han ido llegando los distintos equipos de trabajo, los eléctricos, los pintores, los enchapadores…

A destacar la magnífica labor de Pedro y su hijo Alex, dos personalidades que llegaron un día para cubrir las casas, y nos maravillaron con su arte. Montaron los techos manualmente, entre los dos, sin usar ni una sierra eléctrica, todo hecho a mano y artesanalmente. Trabajando ardua- y pausadamente, una belleza ver como se movían en las alturas ubicando vigas y columnas de madera.

Mientras la casa crecía y se expandía a ojos vista, la vida continuaba. Gina feliz yendo cada día a la escuela, donde ha hecho super amistades. Cada tarde las niñas se reúnen en una u otra casa, y por suerte también las mamas se han hecho buenas amigas. Están las tardes de piscina y las tardes de talleres en el Gran Azul Kids. Por aquí han pasado niños, creatividad y talleristas. Los dos vacacionales que organizamos en las vacaciones de verano fueron una maravilla, cada vez siete niños con los que fuimos creando un buen equipo a lo largo de la semana. Beatriz nos enseñó a pintar mandalas, Clau inició a los niños en el yoga, Seira les hizo pintar y correr, con Marcela trabajaron la expresión corporal, con Cesar se convirtieron en malabaristas, con Nuna tejieron ojos de Dios, Clarita hizo con ellos pan, con Cris fueron en busca del tesoro y sembraron en la huerta… Y los talleristas nos damos cuenta día a día que ellos son pura inspiración, esponjas absorbiendo todo lo que les rodea.

También Roc se ha convertido en un pastor alemán de gran tamaño, ya nada lo recuerda a ese cachorrillo que llegó aquí hace seis meses. Un par de veces desapareció de la finca, encontrándolo horas más tarde vecinos en el pueblo. Vaya susto! Pero cada vez se va acostumbrando más al terreno y a sus linderos, y acompaña a Jordi en sus excursiones en bicicleta por la montaña.

Tic tac tic tac… la cuenta atrás para nuestra fiesta de inauguración ya ha empezado!!

Nuevos horizontes a la vista!!

Salentinos

Y llegó el momento esperado de mudarnos a nuestra nueva casita, de tan solo 35 metros cuadrados: nos invaden sensaciones similares a las que teníamos viviendo en nuestro barco, cuando no importaba el reducido espacio si uno tenía la terraza con las vistas más espectaculares del mundo.

Y si, los domingos todo son montañas, silencio y paz. Pero esto cambia radicalmente entre semana, cuando una cuadrilla de 10 trabajadores se pone manos a la obra y lo que se oyen son martillos, la mezcladora dando guerra, apisonadoras aplanando el terreno… No hay silencio en una construcción, pero si mucha acción. Y desde casa podemos ver avanzar y crecer día a día el edificio principal de este proyecto. Eso ayuda a incrementar el control de la obra, intensivo trabajo que entre Jordi y nuestro actual arquitecto Cristian hacen muy exhaustivamente. La construcción de esta primera casita ha sido muy importante para aprender de los errores cometidos, pues si, ya nos han abierto la pared dos veces en el baño, primero por olvidar la entrada de agua al inodoro, la segunda porque las tuberías del lavamanos perdían agua y la humedad en la casa llegaba a niveles insoportables. Cada mañana nos levantábamos con los cristales empañados cual estuviesemos metidos en una sauna finlandesa.

Y a tan solo a pocos días de mudarnos a estas montañas, empieza de lleno la temporada de lluvias. Llueve lo que no ha llovido en estos últimos tres meses, todo vuelve a ponerse intensivamente verde, y nosotros andamos con las botas altas siempre llenas de barro. Imposible meter la ropa de Gina en la lavadora, está tan sucia de tierra que ha de pasar por un lavado a mano previo!! Por suerte tenemos la cimentación ya muy avanzada y la lluvia – que llega siempre por las tardes – no impide el progreso de la construcción.

Todos los cambios traen consigo una adaptación, que no siempre es fácil. Tengo grabada la cara de Gina el primer dia en la nueva casa, mirando por la ventana y preguntando: “¿Pero aquí donde están los niños?”. Viniendo de un condominio repleto de niños que corrían despreocupadamente de una casa a otra, este contraste le ha supuesto a ella un cambio radical.

Pero no hay imposibles en ningún lugar. Y conseguiremos que este terreno – aun rodeado de naturaleza – se llene de niños y de risas infantiles. Así que sin demora inicia la temporada de talleres cada tarde de 3 a 6h. Gina espera con ansia ese momento, en el que aparecen como por arte de magia los niños, que vienen a quedarse para compartir unas horas de juego, de diversión, de creatividad y de amistad. Junto a Vanesa, Andrea y Ezequiel organizamos talleres de yoga, manualidades, malabares y huerta. La idea no es otra que la de dejar que los niños se diviertan y aprendan a relacionarse entre ellos, compartiendo los valores que nos parecen indispensables para su crecimiento. Me fascina ver como en el taller de huerta los pequeños agricultores se sumergen en las distintas actividades: les encanta tocar la tierra con las manos, tratan cariñosamente a las semillas que luego hunden en la tierra, riegan, marcan con su nombre la zona donde sembraron cada uno de ellos, y con el paso de las semanas observan como van creciendo sus plantas. Son unas horas inmersos en la naturaleza que nos rodea, nos da tiempo a inventar historias sobre los animales que viven en esta zona, observamos los pájaros que se acercan a curiosear, y cada atardecer seguimos el vuelo de las decenas de loras verdes que en bandadas y emitiendo unos agudos graznidos sobrevuelan el terreno en su camino hacia Cocora.

También cosechamos juntos, y nos llevamos algún fruto de vuelta a la casita de guadua, las zanahorias, el brocoli y los rábanos recién cosechados y degustados en compañía saben mucho mejor!! La misma felicidad que siento yo en la huerta también la sienten los más pequeños, es un lugar especial, muy acogedor que emana equilibrio, tranquilidad y mucha paz.

Acabamos de empezar, pero tengo la certeza de que esta semilla que recién plantamos dará muchos frutos, y que estos talleres pueden ser transformadores para todos!

Y con la mudanza a Salento ampliamos familia. En el pueblo nos comentaron que alguien vendía un cachorro de pastor alemán, y al verlo nos enamoró a la primera vista y no lo dudamos ni un momento: Roc entraba a formar parte de nuestra familia. Conocemos a los papas, y ya sabemos que va a ser un perro grande, muy grande. Pero por ahora este pequeño juguetón solo hace que mordernos los tobillos y nos ha destrozado ya varios pantalones a todos..;-)

Los meses pasan veloces, y todo crece imparable.

La Posada Alemana

Subiendo por la Autopista del Café y justo frente al cruce que lleva al pueblo de Salento, se rige amenazador un enorme edificio medio derruido e incendiado. Todo el mundo lo conoce como “La Posada Alemana”, antaño un enorme complejo turístico posesión de Carlos Lehder, uno de los más conocidos narcotraficantes de Colombia y co-fundador del Cartel de Medellín junto a Pablo Escobar.

Originario de Armenia, pero de madre alemana y padre quindiano, Lehder se dedicó al contrabando de cocaína a finales de los años 70 y llegó a comprar una isla en Bahamas para desde allí poder introducir la coca a Estados Unidos, creando un centro de conexiones del narcotráfico. Conocido como el Henry Ford de la cocaína, Lehder y sus socios del cartel amasarían enormes fortunas volviéndose ricos de un día para otro. Se convirtió en un hombre altamente popular en el Quindío y en plena bonanza cafetera mostrando una riqueza comparable a cualquier millonario del mundo.

En el 87 fue capturado por agentes americanos y enviado a EEUU, donde cumple condena desde hace ya más de 30 años.

La Posada tenía varias cabañas estilo suizo, que en su día fueron incendiadas y confiscadas por el gobierno colombiano. Todo sigue igual 30 años más tarde…. bueno, todo no!! Desde hace ya un par de meses se acerca a la Posada un camión que se lleva cientos y cientos de ladrillos que se usaron en su día para pavimentar los enormes jardines del recinto. Don Jaime, que habita actualmente una de las casitas del complejo, los desentierra uno por uno para ganarse así una plata, y nosotros se los compramos a mitad de precio del mercado, teniendo en cuenta que se trata de unos ladrillos llamados tolete, mucho más grandes y robustos que los que se fabrican hoy en día.

Así que la nueva “Residencia Alemana” del Gran Azul se está construyendo con los fundamentos de la otra controvertida y ya desvalijada Posada Alemana. Nunca mejor dicho, muchas vueltas da la vida!!!

Los ladrillos toletes se acumulan en la obra y ocupan mucho espacio. Todo parece acumularse en el terreno, aunque a la misma velocidad desaparecen los materiales del improvisado almacén, para convertirse en estructuras habitables. Y en un abrir y cerrar de ojos tenemos ya casi terminada la pequeña casita de agregados, donde viviremos estos próximos seis meses, hasta que tengamos la casa principal terminada. Nuestro Mischief era más espacioso que esta acogedora pero minúscula casita de 35 metros cuadrados (por suerte estamos acostumbrados a los espacios reducidos), y las infinitas vistas desde salón y dormitorio compensan de largo la falta de espacio.

Don Pedro no cesa recorriendo el techo de la casita, como un trapecista salta de viga en viga, es un maestro de los tejados, y da gusto ver con que exactitud y rapidez monta vigas, paneles y tejas. Mientras tanto Don Crespo – nuestro carismático y optimista maestro de obras – dirige como si fuese director de una orquesta las actividades de sus 12 albañiles, ya inmersos de lleno en la cimentación de la casa principal y la casa secundaria. Y todo son imprevistos! Por tratarse de zona de alto riesgo sísmico y a causa de que en algunos lugares el substrato no es suficientemente bueno, los pilotes de la cimentación tienen que llegar a 4m de profundidad cada uno. Todo ello rellenado luego con miles de kilos de cemento y de hierro. Se trabaja de forma muy artesanal, los chicos montan sus propias columnas de hierro, hasta elaboran ellos mismos herramientas y utensilios necesarios para su trabajo. Por doquier se respira actividad y concentración.

Mientras tanto, siguen creciendo las verduras al otro extremo del terreno, y ya toca combatir alguna que otra plaga, como la palomilla, que en estos meses de extrema sequía se reproduce vertiginosamente. También estamos aprendiendo algo más de planeación…. llevamos tres semanas comiendo ensaladas y rábanos a diario!!😉

Por ahora esperando con mucha ilusión el momento de mudarnos al pueblo, para poder despertar por las mañanas con el trinar de los pajaritos, y poder admirar las puestas de sol desde el comedor de casa.

Páginas en blanco

Ese trozo de tierra salentina nos tiene absolutamente absorbidos, ocupados, apasionados, abstraídos. De repente caigo en la cuenta de que hace ya tres meses que no escribo una entrada en nuestro blog, y me pregunto el porqué. Me encanta escribir, relatar el paso del tiempo, los cambios vitales que vivimos. Pero esta nueva etapa de vida trae consigo mucha inmersión, mucha dedicación física y mental, mucha creatividad. Y simplemente creo que no hay espacio para más, dejando a un lado hasta mi necesidad de relatar.

Lo emocionante de poseer un pedazo de tierra es que es como tener un libro con todas las páginas en blanco, donde todo es posible y donde todo está por definir.

La primera página de este libro está destinada a la construcción de nuestro nuevo hogar. Pero hasta ahora esta parte del proyecto ha estado gestándose sólo en nuestros planos y cabezas, ya que durante más de tres meses estuvimos esperando a que la alcaldía de Salento nos diese el anhelado permiso de construcción. Nuestras visitas al Jefe de Planeación – esa insistencia diaria que tan bien nos había funcionado con otros entes públicos colombianos – solamente hacen que empeorar las cosas, y en lugar de agilizar el proceso parece que nuestro expediente va quedándose cada vez más enterrado en el montón de proyectos a la espera de su aprobación. La última visita a la alcaldía es desalentadora y deprimente, nos asegura el huraño y antipático Jefe de Planeación que como mínimo tenemos todavía por delante una espera de 4 meses más.. A partir de ese momento, empezamos a hablar con buenos y bien conectados amigos que prometen mover cielo y tierra para activar la necesaria Vitamina C y forzar la emisión del permiso.

Pero al final no hay necesidad, ya que llegan las elecciones municipales colombianas, y con ellas también un cambio de partido político en Salento. Y como por arte de magia, un día después de que sea proclamado oficialmente el nuevo alcalde, va y nos dan la licencia de construcción. Por casualidades de la vida, el nuevo alcalde es el hijo del ex-alcalde que nos vendió el terreno hace un año. Sin lugar a dudas vivimos – queramos o no – en un mundo politizado.

Así que ya hemos empezado con las obras, y a partir de ahora empieza un intenso trabajo de organización y supervisión, y todo aquello que hemos ido gestando y plasmando en el plano, empezará a tomar forma en la realidad. Para el mes de febrero esperamos poder mudarnos a la pequeña casita de agregados que será la primera en construirse en el terreno, lo que nos convertirá al fin en residentes salentinos.

Aunque es allí – en el pueblo – donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. Cada mañana, después de dejar a Gina en el colegio, emprendemos el camino por esas ya tan queridas curvas boscosas hasta Salento.

Y se abre ante nosotros una nueva página en blanco por escribir: la de nuestra Huerta Orgánica. Las enormes ocho eras están excavadas en terrazas en la zona más baja del terreno, rodeadas de un bosque autóctono. Al haber sido originariamente esta una zona de pasto, la tierra allí tiene un alto grado de acidez. Así que con la ayuda de Terlenca nos pasamos los últimos tres meses abonando y fertilizando esa increíble tierra negra a base de cal, de compost y de tierra de lombricultura. Le he cogido tanto cariño a la tierra, y tanto disfruto amasándola y hundiendo los dedos en ella, que hasta ahora no me he decidido a sembrarla. Pero el gran momento está al caer, ya que en nuestro nuevo semillero crecen a ojos vista el brócoli, la rúcula, las acelgas, las uchuvas, los cebollinos, las espinacas, las ensaladas.. ya convertidos en pequeños arbolitos listos para ser transplantados a la ya fertilizada tierra.

Intentamos que las semillas sean orgánicas, muchas compradas, pero otro tanto regaladas por los así llamados “guardianes de semillas”, que desempeñan la valiosa función de colectar e intercambiar semillas autóctonas de frutos o legumbres ya olvidados o extinguidos, y que no han sido genéticamente modificadas. Claudia, la guardiana de Salento, nos colabora una vez por semana y lentamente le vamos ganando monte al pasto, plantando chia, quinoa, chocho, ají, ajonjolí, flores jamaicanas…. Todo un mundo nuevo por descubrir.

Hace ya más de un mes que terminaron esos árido y larguísimos meses de absoluta sequía debidos a un Año del Niño especialmente intenso. La falta de agua necesaria para las plantaciones y el ganado estaban en boca de todos. Las intensamente verdes montañas del Valle de Cocora lucían tristes tonos ocres y amarillos. Así que recuerdo esos primeros días de lluvias intensas con una vibrante alegría generalizada, esos cielos oscuros de nubarrones negros, la bajada de las temperaturas, el olor fresco del pasto que volvía a rebrotar y a revivir. Pura felicidad!!

A raíz de esas primeras lluvias plantamos un cerco de Eugenias, que marcarán de verde nuestro lindero. Y los caballos volvieron al terreno, ya que en tan solo pocas semanas se recuperó el pasto hasta volver a hacer desaparecer a Gina entre sus mares de verdor.

Y otra página en blanco emerge de este libro, una que nace de un sueño que quizás siempre estuvo allí, de un deseo por aportar un granito de arena a la educación de los niños. En el lado derecho del terreno hay una zona sombreada por altos eucaliptos, donde visualizamos un espacio para los niños, un lugar donde cada tarde se reúnan niños de todas las edades para aprender, intercambiar, conocer, explorar y sobre todo divertirse. Compañeros de juego de Gina, que disfruten rodeados de esta exuberante naturaleza.

Duberly, uno de los promotores de la Aldea del Artesano de Salento, una pequeña aldea donde viven y trabajan creando una decena de artesanos, es el maestro de la guadua, también llamado bambú americano originario de los bosques andinos. En tan solo una semana nos construye una preciosa casita de guadua donde a partir del mes de febrero cada tarde tendrán lugar los talleres creativos para niños: manualidades, expresión corporal, yoga, huerta y cocina, cuentos y canciones…. Una razón más para pasarlo bien con los más pequeños apoyando su creación artística. La web en construcción ya está online: www.granazul-kids.jimdo.com

Un vertiginoso y altísimo columpio, un tobogán azul, un arenero… poco a poco se va escribiendo la página, sin prisa pero sin pausa… todo va cogiendo forma.

Agradecidos estamos de poder ir llenando las páginas de este libro en blanco, siempre intentando mantenernos conectados con el aquí y el ahora. Estas montañas se asimilan al mar justamente en eso, que son eternas y te transportan constantemente al momento presente!

 

 

El estiércol

El estiércol deberá removerse siempre en Luna Vieja; de esta forma queda mantecoso, desmenuzado, húmedo y con olor incluso agradable. No es preciso ser técnico en agricultura para saber que en tal estado resulta excelente para el suelo, los cultivos y la flora microbiana. Pero, ¿qué pasa si lo removemos en Luna Nueva? El resultado es opuesto al indicado inicialmente: se obtiene un amasijo de pajas y excrementos resecos (incluso arde con cierta facilidad) y adquiere un tono blanquecino.”

Este es un ejemplo del tipo de literatura que corre por casa estos días, se apilan los libros sobre agricultura orgánica y huertas ecológicas al pie de la cama, y un amigo agronomo me ha enviado al Ipad una docena de manuales con títulos como “El A,B,C de la agricultura orgánica”, “Manual del Huerto Biointensivo”, “Como hacer mi huerta sin morir en el intento”, etc. 

Visitamos cada primer sábado del mes el Mercado Agroecológico en Armenia, punto de encuentro de los agricultores ecológicos del Quindío, para vender sus productos 100% naturales, frutas y hortalizas orgánicas, pan de naranja, miel de apicultor, pollos de granja y conejos ecológicos (y eco-duros😉, dulces de maracuyá, sábila y miel con finalidades terapéuticas,.. todo ellos siguiendo una filosofía de vida y un conjunto de principios éticos en relación a la sociedad, la cultura y el medioambiente.

Y de la teoría a la práctica. En el mercado conocemos a Laura, agricultora sueco-colombiana que desde hace ya tres años produce sus propias hortalizas orgánicas para la venta. Abierta a compartir sus conocimientos, quedo con ella dos veces cada semana para ayudarla en su plantación mientras ella explica y aclara los procesos. Preparamos las eras, nutrimos la tierra con los abonos y fertilizantes que ella misma prepara, nos pasamos una mañana entera plantando las diversas semillas en los semilleros (no sabía lo relajante y meditativa que puede ser esta actividad!!!), y trasplantamos las verduras en los surcos de tierra preparados para ello. Aplica la teoría de la agricultura regenerativa, que introduce nuevas formas de hacer ganadería y agricultura y regenerar el suelo a la vez.

Duro trabajo bajo el intenso sol de este largo y caluroso verano quindiano, pero la recompensa no se hace esperar demasiado, y culmina cuando probamos sus deliciosas berenjenas, ensaladas, remolachas y zanahorias.

Uno parece no estar nunca realmente preparado para empezar a hundir las manos en la propia tierra, pero al igual que la navegación, la agricultura nunca se domina al completo, los conocimientos solamente se adquieren mediante la constante puesta en práctica, corrigiendo errores a lo largo del camino. Así que es hora de dejar incertidumbres de lado y de ponernos a trabajar. Ubicamos en el terreno la zona donde crecerá nuestra huerta ecológica, y empezamos a trazar las eras. Nuestra gran suerte es haber encontrado una inestimable ayuda para todo lo relacionado con nuestro terreno: desde hace ya más de dos meses Don Carlos, también llamado “Terlenca”, trabaja sus ocho horas diarias en el lote. Es un paisa auténtico, un hombre duro, trabajador, honrado y fuerte como un roble, que carga con troncos enormes y los traslada de un lado al otro del terreno. Es maestro del hacha, con la que compite cortando enormes árboles – y ha sido durante gran parte de su vida arriero de mulas.

Decidimos ubicar una zona de barbacoas en el terreno – un lugar donde poder hacer picnics con amigos y sentarnos a disfrutar de las vistas – y Terlenca en un abrir y cerrar de ojos abre bajo los arbolocos una gran superficie plana en la pendiente. Lo paramos a tiempo, de otra manera se nos come la mitad de la montaña!!! Don Leo, también llamado “Repollo”, el mejor leñador del pueblo, ha venido para cortar más de 50 columnas que extrae de los eucaliptus que cortó él con la motosierra hace varios meses, así que Terlenca aprovecha los orillos para construir en pocas horas unas mesas con sus respectivos bancos. Como por arte de magia crea en pocos días una zona recreativa rodeada de belleza, todo un artista y diamante en bruto de creatividad!

El terreno no podría tener desde allí mejores vistas: toda una manada de caballos pastando a pocos metros. Los caballos son de Juan David, “El Pistolo”, al que le alquilamos la tierra para que sus caballos se hinchen con nuestro pasto y nos mantengan el gran verde bajo control.

Es época de extrema sequía, dicen las sabias lenguas que nos invaden las consecuencias del Año del Niño – no ha caído ni una gota en los dos últimos meses – y nuestro abastecimiento de agua, necesaria para regar los arboles y el forraje que hemos plantado, es muy precario. No nos llega el suministro de agua del pueblo por estar ya en zona rural, así que nos abastecemos de un nacimiento que hay en la montaña. Pero con tan poca lluvia Jordi tiene que subir a la cima día si y día también para facilitar el fluir del riachuelo.

Así que – aun sin haber todavía empezado a construir – nos mantenemos bien ocupados! Este pedazo de tierra nos está ya pidiendo mucha atención, y nos está empezando a gustar mucho tener que cuidar de ella.

Tierra colombiana

Casi todos nosotros hemos sobrevivido alguna vez a una mudanza, llena de cajas repletas de cachivaches, todo aquello de lo que no queremos desprendernos y que nos hacen pensar que en su compañía nos sentiremos algo mas “en casa” allá a donde vamos. Por suerte nosotros solamente teníamos que vaciar un barco, y con unas 10 cajas de ropa y libros, una guitarra, algún grillete y una “leatherman” de recuerdo nos instalamos en una pequeña y acogedora casita en el norte de Armenia, en un conjunto residencial repleto de vecinos con niños pequeños, con los que Gina enseguida hace buenas migas.

No nos mudamos directamente a Salento, ya que en el terreno no hay construcción alguna, y en la ciudad de Armenia estamos al lado del colegio de Gina y de bancos, gestores y notarios, a los que en estas primeras semanas visitaremos a diario en nuestra carrera contra reloj por pedir autorizaciones y permisos.

Ni modo podemos empezar de inmediato con la construcción de nuestra nueva casa, aquí – como en todos lados – los procesos son lentos y tediosos. Especialmente y por suerte en Salento se respetan las normas que protegen el medioambiente, así que se precisan permisos para mover tierras, cortar unos eucaliptus viejos ubicados encima de la zona de construcción, permisos de fosa séptica, de disponibilidad de agua, de energía, certificados de tradición… y un interminable etcétera. Todo ello para poder obtener la anhelada Licencia de Construcción, con la cual podremos poner la primera piedra ;-)!

Nos llegan la mesa y las sillas a casa justo un día antes de la llegada de Luis, arquitecto y hermano de Jordi, que viene una semana a finalizar todos los planos de la construcción. Trabajará duro e intensamente, pero nos queda tiempo libre para conocer un poco los alrededores. Un punto álgico es la excursión que hacemos en el Valle de Cocora hasta la reserva natural de Acaime, a 2690 metros sobre el nivel del mar, lugar famoso por el avistamiento de diferentes especies de colibríes.

Durante dos horas de intenso ascenso y tras cruzar 6 puentes colgantes que cruzan el río San José, nos adentramos en el bosque de niebla – el ecosistema más habitual en este valle y que se caracteriza por su espesa vegetación y humedad. Además es el hábitat perfecto de la Palma de cera del Quindío, así como de otras muchas especies de flora y fauna. Arriba descansamos observando la exaltación y eternidad de los colibrís.

Un día más tarde nos reunimos unos cuantos amigos en casa de Pitu, nuestro carismático vecino catalán, donde compartimos ibéricos y chorizos, y donde el guía montañero Luis nos anima a subir en un futuro hasta el Tolima, a 5.215 m de altura, uno de los mayores volcanes activos de los andes centrales y que se encuentra cerquita, en el Parque Natural de los Nevados. Una excursión de tres o cuatro días pero que requiere de un entreno previo, así que nos proponemos salir a caminar cada semana para ir preparando el cuerpo…

Quizás la que se transforma y adapta de forma más espontánea y radical es la grumete, que aquí se ha convertido en una sirenita del pasto. Nuestras diarias visitas al terreno acaban siendo para ella inmersiones en la altísima hierba que nos rodea, salta, se sumerge y rueda montaña abajo como si de una gran piscina se tratara. Se desliza por un interminable tobogán de tierra húmeda pendiente abajo, y cada noche acabará metida en la lavadora junto a toda su ropa ;-)!

Pero la gran recompensa para ella en este cambio de vida ha sido su entrada al colegio. Ningún comienzo es fácil, y Gina llora cada mañana al despedirnos de ella, hasta que un día promete no hacerlo más, y desde entonces desaparece contenta y feliz entre sus nuevos amigos. El colegio organiza un campamento y por primera vez duerme sola con sus compañeros y la profesora en una tienda de campaña, se niega esa noche a llevar pañal, así que no ha vuelto a utilizarlo desde entonces. Y Gina ya se desplaza sobre dos ruedas!! Conocemos a Carlos que hace unas bicicletas sin pedales de madera preciosas, recogemos la de Gina en su casa junto al río, y conocemos a una familia muy especial, que se alimenta de su propio huerto ecológico, elaborando sus propias mermeladas, pan, conservas, postres… De la leche que da su cabra Mariana producen sus propios quesos y iogurts. Son un ejemplo a seguir… y mucho hemos de aprender todavía de ellos!!

Y se forjan nuevas amistades, como en la acogedora casa de la familia germano-colombiana de David y Johanna, con sus tres hijos compañeros de clase de Gina, donde conocemos a la comunidad de familias internacionales de esta zona. David nos invita a hacer un recorrido por su finca cafetera para conocer los distintos pasos de la producción de este café. Interesantísimo tour! Observamos la recolección manual de los granos maduros en los cafetales, continúa el despulpado, el secado en enormes terrazas al sol y la trilla del café. Seguido lo dejan fermentar en un balde con agua, proceso que ha de extraer los más intensos aromas de la tierra.

Y es que este es un país de mucha tierra fértil, y de un extasiante verdor que nos rodea por doquier. Y no hay duda de que aquí hemos venido a saciarnos de naturaleza en su estado más puro!!

 

Aires de cambio

No he tenido necesidad de escribir ultimamente, seguramente a raiz de que estas ultimas semanas a bordo nos han visitado muchos amigos y familia. Cuando eso sucede, el mundo se hace muy pequeño, somos los de a bordo, disfrutando de la compañia de esas personas que por unos dias irrumpen en nuestras vidas trayendonos sus ideas y genialidades. Pocos dias son suficientes para reconocerse profundamente, ya que en el barco sobran puertas y disfraces y hay mucho tiempo para compartir.

Este prolongado silencio quizás también se debe a que llevamos a Kuna Yala metida ya muy adentro, estas islas y sus gentes son ya muy nuestros, son para siempre. Nos sigue emocionando este paraíso, pero ya de forma mas cotidiana, sin sobresaltos. Empezamos a entender a esos barcos que llevan ya diez años surcando sus aguas, y admirando una belleza que se transforma día a día. No hay dos puestas de sol iguales, ni dos palmeras iguales, como tampoco lo son los ojos con los que las admiramos a diario.

Se avecinan aires de cambio, hemos recibido una oferta por parte de una familia holandesa interesados en comprar nuestro querido Mischief. Ello significa por un lado que se acaba nuestro viaje en velero, por el otro que abandonamos nuestro hogar flotante para cambiar de vida y mudarnos a las montañas colombianas.

Nos fascina el nuevo proyecto que tenemos entre manos, pero ello no quita que nos entristezca el tener que dejar atras un estilo de vida tan autentico, donde somos nosotros los que marcamos el ritmo del paso del tiempo, donde no hay horarios ni actividades preconcebidas, donde cada dia se teje segun el color de nuestro animo y donde el alma tiene el espacio y el tiempo para impregnarse a diario de la impactante naturaleza que nos rodea.

Efectivamente, la necesaria venta del barco viene acompañada de sabores agridulces, por un lado nos permite volar hacia un nuevo futuro, por el otro lado se cierra una etapa inolvidable, dejamos atras el hogar en el que Gina ha pasado los mas importantes años de su vida, los tres primeros, donde la grumete se ha hecho ya tan mayor. Esta es su casa, de hecho el único hogar que ha tenido. Recuerdos y mas recuerdos se amontonan en cada uno de los rincones de abordo, muchas millas recorridas juntos, muchos compañeros de viaje que han impregnado esta casa flotante a lo largo de estos años.

Lo que mas nos va a costar es lo de dejar atrás una manera de vivir el día a día a un tempo mas pausado, donde el sol entona la melodía al ritmo de la cual se mueven nuestros pies. Donde vamos tomando decisiones según el color del cielo o según la direccion que sopla el viento. Allí se encuentra la verdadera felicidad de todo navegante: en su unión con la naturaleza y el mar que nos rodea.

El reto ahora es el de llevarnos allá donde vayamos esa manera de hacer las cosas, esa forma de mirar el cielo, esas sensaciones de plenitud y de libertad que se adquieren cuando se vive a bordo de un velero.

Nuedi, Kuna Yala!