Travesía de Luperón a Samaná


Tormenta tropical

Estamos esperando el “weather window” que nos permita seguir rumbo a Samaná, y finalmente levamos anclas. Según el parte meteorológico, los alisios va a darnos un respiro durante uno o dos días, y decideimos abandonar la bahía hacia el este. El mar está revuelto, oscuro, pero solamente soplan 5 nudos así que lentamente a motor vamos bordeando la costa norte de República Dominicana, un espectáculo de montañas verdes y frondosas. Súbitas tormentas caen estrepitosamente sobre nosotros que traen vientos fuertes y descargan grandes cantidades de agua. El barco agradece el baño de agua dulce. A lo lejos, numerosos arcoiris. Dejamos atrás Puerto Plata y Sousa, y el cabo San Juan. Verdes montañas se elevan a estribor. El tamaño de las olas incrementa y decidimos – siguiendo los consejos de Van Sant – entrar en el VAlle de Puerto Perdido, una bahía abierta al norte – para descansar.

Cual es nuestra sorpresa al entrar en la bahía, no hay viento, pero el mar de fondo es enorme, y el velero se mueve transversalmente de un lado a otro, con fuerza. A cada escorada los ruidos a bordo son ensordecedores, todo parece abandonar su ubicación inicial. Es imposible mantenerse de pie, mucho menos descansar. Estamos fondeados al lado de un rocoso acantilado, donde estallan espumosas las enormes olas. Al fondo, en la preciosa playa de palmeras, unas pocas casitas de pescadores. Decidimos al anochecer levar anclas y seguir rumbo a Cabo Cabrón, pero un silbido agudo nos avisa de que algo anda mal con el motor. Se sobrecalienta al encenderlo. Tan cerca de las rocas, en este incomodo fondeo y sin motor no es precisamente una situación muy relajada. Pedimos ayuda por radio, pero no hay nadie en los alrededores. Cansados, decidimos esperar a la madrugada; Jordi no está tranquilo, y finalmente decide ponerse manos a la obra revisando distintas opciones de avería.. Cambia el impeller de la bomba de refrigeración, y el motor vuelve a funcionar!!! Así que a las 24h partimos, bordeamos el acantilado, muy cerca de las rocas para evitar el viento de proa.

Tanto Jordi como yo estamos agotados, y vamos haciendo guardias de una hora. Nos falla por primera vez el piloto automático, ya que las olas por proa son cada vez más grandes.. Nuestro baupres desaparece entre la espuma.. Heritage avanza lenta- y pesadamente, hundiendose en la ola profunda, para alzar luego su proa al cielo, como deseando respirar. Vamos encontrando el camino entre este laberinto de olas blancas. Y a estribor, el Cabo Cabrón, que no quiere desaparecer por popa! Vamos cruzando la bahía de Samaná, y es allí donde nuestro esfuerzo se ve recompensado. Bordeamos el Cabo y nos adentramos en la bahía de Sta. Barbara, esta vez con los 20 nudos de popa. A toda vela y sufreando las enormes olas el Bruce Roberts vuelve a ser un velero veloz que se ve impulsado por el mar. Más que nunca queda aquí confirmado nuestro cambio de planes: no cruzaremos el Atlántico. Hemos decidido modificar nuestra ruta y dirigirnos allá donde nuestro velero nos quiera llevar, es decir, con los alisios de través o bien de popa.

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