Ballenas jorobadas – un día perfecto

Navegando en Samaná

Hace ya varios días que estamos en Sta. Barbara fondeados, conocemos ya a los veleristas de la bahía, entre ellos a muchos españoles. Y hoy salimos a ver las ballenas. Suli – un pescador dominicano – nos lleva con su barquita a mar abierto. Enseguida estamos calados hasta los huesos, ya que las olas explotan en cubierta. Concentrados atisbamos el horizonte en busca de un chorro de agua o algún movimiento en la superficie. Y súbitamente un grito de Suli nos indica la primera ballena jorobada a la vista. La perseguimos manteniendo una distancia prudencial, y vemos que hay varias. Y empieza el espectáculo. Con una increible fuerza sus cuerpos se elevan por encima del mar, con una torsión lateral que nos permite ver sus enormes y blancos estómagos. Esa misma aplastante fuerza y la gravedad que permiten que se sumerjan de nuevo estrepitósamente en el agua.

La emoción es latente, todavía más cuando primero una y luego otra ballena saltan justo delante nuestro. Rafa -amigo madrileño – consigue filmar el majestuoso movimiento de estos incomparables mamíferos. Estas imágenes van a quedar profundamente grabadas en nuestras memorias; pocas veces la naturaleza muestra unas imágenes tan impactantes como estas.

Partimos hacia los Haitises, un parque Nacional a unas 18 millas al sur al otro lado de la bahía de Samana. Y continúan las emociones fuertes. Unos 15 nudos soplan de popa en esta tranquila bahía exenta de olas, y probamos por primera vez izar el gennaker que tenemos a bordo ¡¡Qué sorpresa, en la blanca y legera vela aparece la imagen de una preciosa y sublime mujer, sus rojos cabellos al viento, viva imagen de la Diosa del Viento!! No sabíamos que teníamos tal belleza a bordo. Con tanta superficie vélica izada nuestro pesado velero se alza y navega jovial y alegre. Por primera vez tenemos la sensación de que el viento nos empuja suavemente y volamos. Que momento tan genial!!

Y llegamos a la inhóspita y salvaje belleza de Los Haitises, entre los caos de los Pájaros encontramos fondeado al Calua, y Santi – gallego con miles de millas a sus espaldas – nos anima a acompañarles a visitar la enorme cueva, fantasmagórica, con un lago y un extraño tronco enlazado. Con los dinghis nos adentramos en los manglares.. las ramas y las raíces se entremezclan, creando un sinfin de formas. El sol se filtra entre tanto arbusto. Decidimos seguir a remo, para disfrutar de la paz y el silencio que reina aquí, sólo interrumpida por algún grito de pájaro. Fragatas y blancas aves levantan el vuelo asustadas por nuestra presencia en tan deshabitado lugar. Nos sentimos como inmersos en un bosque encantado.

Acaba el perfecto día con una gran cena a bordo del Heritage. Somos ocho españoles, buen rollo garantizado, saboreando el la pata de jamón serrano que nos ha traido Santi. Esta noche la calma y el silencio son absolutos, el cielo estrellado nos rodea como si no existiera otra cosa, tiene algo embrujador y envolvente. Sentimos que estamos a millones de leguas de la humanidad…

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