Caracas y Mérida

A medianoche agarramos el autobús rumbo a Caracas. Cual es nuestra sorpresa al descubrir que los venezolanos se diría que transportan muertos en sus buses, ya que los refrigeran a una temperatura media de 18 grados. Son necesarios mantas y gorros de lana para poder aguantar el frío adormecedor.

Beatriz – a la que conocimos en Laguna Grande – nos acoge calurosamente en su casa. Conocer a su familia y vivir en su casa es lo que más nos gusta de esta ajetreada ciudad, polucionada, ruidosa, abarrotada de gente y con barrios realmente pobres.

Nos alegra una escapada a la Colonia Tovar, un pueblo típicamente alemán desperdigado en un precioso valle a 2000 metros de altitud. Uno se encuentra súbitamente inmerso en un pueblo de la Selva Negra, con sus rústicas casas, mujeres vistiendo los típicos vestidos de la Alemania del Sur, sus tiendas llenas de productos alemanes – mermeladas caseras, una gran variedad de salsichas – Bratwurts, Bockwurst, Weisswurst – pan alemán, etc.… Hace más de un siglo que alemanes se asentaron en este valle, recreando su patria y manteniendo sus costumbres. Jordi disfruta con un codillo, y Cris reencuentra sus raíces charlando en alemán con los más mayores.
Y – como siempre – en autobús continúa nuestro viaje hacia Mérida, pintoresca ciudad en medio de los Andes. Nos rodean los picos más altos de Venezuela, entre ellos el Pico Bolívar con sus 5000 metros de altitud. Estamos en época de lluvias, y las escaladas a los picos no son recomendables, así que decidimos apuntarnos al barranquismo.
Durante todo un día bajamos el Río Catalina, río de abundante agua helada y con unas cataratas y desniveles de hasta 30 metros. Los rapeles que descendemos atados a cuerdas harían temblar a más de uno. Nosotros temblamos de frío, pero bajamos cada uno de ellos, en algunos casos en medio de las fuertes cascadas de agua que nos caen encima. Nadar, andar, saltar, bucear, hacer rapeles… acabamos extenuados y Jordi con un dedo descomunal. Se ha pillado el anular entre dos rocas, y la sangre parece querer estallar detrás de la uña. Una foto vale más que mil palabras:

No conseguimos subirnos al teleférico más largo y alto del mundo (sube hasta el Pico Espejo a 4100 metros), por estar los lunes y martes en mantenimiento, pero si hacemos una excelente excursión en jeep al pueblo de Los Nevados, en medio de las montañas.

La carretera se convierte pronto en un camino de tierra, que va rodeando las altas montañas. El camino se va estrechando cada vez más, y nos impacta el poco espacio que existe entre la rueda de nuestro jeep y el precipicio. Alarmante cuando en un tramo muy estrecho vemos el camino sembrado de cruces, obviamente coches que se vieron despedidos al vacío.
La suerte del viajero nos acompaña, y llegamos sanos y enteros al fotogénico pueblo. Se respira un aire transparente, la gente es sencilla y amable, la sopa de yuca excelente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s