Machu Picchu y el Valle Sagrado

P1080482Decidimos acercarnos lentamente al Machu Picchu, con un grupo en un tour organizado que nos lleva primero a la cima del Pico Verónica, a 4300 metros de altitud. Desde allí bajamos en bicicleta por una sinuosa y empinada carretera durante tres horas, rodeados de la Cordillera andina con vistas arrebatadoras. Continua el descenso al valle por un camino de tierra hasta llegar al pueblo de Sta Maria. Desde allí al día siguiente empieza la caminata de 24 km ascendiendo montañas y recorriendo valles, siguiendo los innumerables caminos incas a lo largo del país. Pasamos por plantaciones de coca, cafetales, plantaciones de cacao. Subimos entre maleza a la casa del mono, donde vive un chico indígena que habla quechua y nos muestra las distintas danzas de los animales sagrados incas: el cóndor, el puma y la serpiente. La siguiente parada en la cima es en una granja de quis (conejilos de indias, y una de las delicias culinarias peruanas).
Anocheciendo llegamos a unas calientes aguas termales, donde relajamos nuestros magullados pies.

P1080593_2El tercer día siguiendo una vía de tren interminable, llegamos a Aguas Calientes, el pueblo de partida para llegar al Machu Picchu, ya que desde aquí salen los buses con cientos de turistas de todo el mundo a la ciudad sagrada.
Nosotros estamos cansados de caminar todo el día, pero decidimos subir a la montaña “Happy mountain” con un desnivel de 500 metros y con 1900 peldaños ascendentes. Tras 1,5h de esfuerzo llegamos a la cima, las vistas a la zona arqueológica del Machu Picchu son espectaculares. Durante la cena de despedida nos avisan de que hay huelgas en todo el país, y que el tren que nos baja a Cuzco no funciona. Tendremos que volver andando por las mismas odiosas vías de tren, y en un pueblo más abajo nos llevarán en una camioneta improvisada de vuelta a casa.
P1080455Pero todo impedimento se ve recompensado al llegar a la ciudad sagrada de los Incas rodeada de fascinantres montañas. Cuenta la historia que el rey inca Pachacutec tardó 100 años en construir esta ciudad. Tuvo dos hijos favoritos a herederos al trono – Atahualpa y Huascar – que iniciaron una guerra civil de siete años que debilitó enormemente el imperio inca. Y quiso el destino que Francisco Pizarro, aprovechando la división de los incas, llegara a estas tierras y consiguiera asesinar a a Atahualpa, después de apoderarse de enormes cantidades de oro. Manco Inka, otro de los hermanos, aprovechó el momento para proclamarse rey, y confiando en los españoles les guió a traves del país hasta llegar a Cuzco, cuyas murallas estaban recubiertas de oro. Los españoles saqueron la ciudad, y Mano Inka huyó con su séquito a Machu Picchu, donde Pizarro no pudo seguirlos. Esta ciudad no fue descubierta hasta 1911 por un explorador americano que con una expedición financiada por National Geographic desenterró la ciudad.

La ciudad sagrada aparece entre los picos andinos repletos de una vegetacion exuberante. Tanta magnitud sorprende en un lugar tan aislado y remoto, tan lejano de toda civilización y tan cerca del cielo. La fuerza del imperio inca palpita aun hoy entre las enormes murallas. La pachamama – la madre tierra – no protégé aquí, nos da cobijo y las montañas – consideradas Dioses – son nuestros guardianes.
Subimos al Wayna Picchu casi corriendo, llenos de una extraña energia. Las vistas – espléndidas.
Ha sido una experiencia única e irrepetible. El Machu Picchu queda atrás, donde el resto del mundo pueda nutrirse de su belleza. Nosotros nos llevamos una parte de su esencia con nosotros.

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