Lali & Roge

P1000932Llegan Lali y Rogelio, después de pasar una semana recorriendo las calles de Nueva York, con ganas de conocer los fondos marinos y la vida a bordo en estas preciosas islas.
Aparecen en la marina en un multicolor y divertido autobús con un aire caribeño inconfundible. Siendo ya algo tarde, dP1000942ecidimos probar el fondeo justo enfrente de la marina, pero resulta que el mar está algo agitado, y volvemos a pasar la primera noche en el muelle de espera. Tenemos la gran suerte de cruzarnos con dos lugareños, que acaban de pescar un enorme, enooooorme pargo, y están ansiosos por vendérnoslo. No dejamos pasar la ocasión, y regateamos el precio de 120 a solamente 60 dólares, un mero de regalo. Contentos se van los pescadores, y contentos estarán nuestros estómagos cuando un par de horas más tarde la primera mitad del pargo aparecerá en nuestros platos cubierto de patatas y bañado en un chorro de vino blanco.
Nuestra primera travesía nos lleva a Peter Island. Tumbados en unas hamacas admiramos la caribeña playa de Deadman’s Bay. Por la tarde un cocktail en el resort noruego más caro de las islas acaba de redondearP1000985 el día.
Continúa nuestra ruta hacia The Indians, paraíso subacúático, donde Roge y Lali parecen querer transformarse en pez, ya que no dejan de recorrer los fondos marinos, donde habitan corales, algas y abundantes peces multicolor.
Fondeamos en The Bight, la bahía pirata por excelencia, y nos tomamos un Painkiller en el barco de Willy T, esta vez tenemos el barco reservado solo para nosotros. De nuevo a bordo, observación del inmenso cielo estrellado.
La travesía nos lleva hoy hasta la marina de Soper’s Hole, P1010108haciendo antes una última parada en The Indians, donde snorkeleando vemos una tortuga en su habitat natural. Tras unas breves compras en la marina, continuamos hasta las isla de Jost Van Dyke, y fondeamos en las turquesas aguas de White Bay. Solo tocar el ancla el fondo, espesas y negras nubes se ciernen sobre nosotros, y una incesante e intensa lluvia refresca el aire. Para evitar el roción, nos pasamos más de dos horas en el agua en remojP1010035o. Como siempre, a las 2.30h de la madrugada, puntual, cae un chaparrón y nos despertamos de sopetón para cerrar ventanas y escotillas.

Hoy toca visitar la isla de Sandy Island, una isla privada propiedad de Rockefeller que tiene un jardín botánico en su interior. El paseo nos lleva a conocer la fauna y flora de la isla. Lali no puede resistir la tentación y se embolsilla a cuatro ermitaños, que acabarán más tarde extirpados de su bonita caracola. La playa en esta pequeña isla es paradisíaca, blanca y rodeada de unas impolutaP1010020s aguas turquesas. Disfrutamos del deslumbrante color del mar.
Nos garrea el ancla, y continuamos nuestra ruta hacia Cane Garden Bay, donde pasamos una relajada tarde.
Los alisios están ausentes, así que nuestra travesía por la costa norte de Tortola en dirección a Guana Island es tranquila y fácil. Llegamos a Monkey Point, paraíso subacuático. Espectacular el encuentro con una tortuga verde, que nos deleita durante largo rato con sus gráciles movimientos de patas y su facilidad al P1010127nadar.
Tambien observamos un enorme lenguado, que se entierra en la arena cada vez que nos acercamos a molestarle. Que bueno estaría en la paella, pero no tenemos medios para pescarlo..
De nuevo un copioso aperitivo nos recuerda lo dura que es la vida en estos parajes..
La noche la pasamos en Trellys Bay, eso sí, jugamos a la ritual partida de la Dame de Pic sentados en un bar reggae de la bahía.
No hay rastro de Marte en el cielo – se cuenta por allí que hoy está más cerca que nunca de la tierra – y tampoco el usual chubasP1010166co nos arranca del sueño esta noche.
Tras pagar la boya de turno, zarpamos al día siguiente rumbo a Virgin Gorda. Roge lleva el timón con mano firme, haciendo bordos porque los alisios vuelven a soplar con fuerza. El paseo por debajo de las enormes rocas de granito de The Baths nos lleva hasta la increíble bahía de Devil’s Bay. Cris, guiada por un chico de St Thomas, le sigue hasta la roca más alta del lugar para tirarse luego al mar, varios metros más abajo. Genial esta bella excursión!!
Una enorme tortilla de patatas nos catapulta a una narcosis profunda, léase siesta.
Y como todo lo bueno se acaba, es hora de partir de vuelta a la marina. La suculenta cena en el “Pusser’s” ponen fin a una fabulosa semana en buena compañía!

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