Travesía a Grecia – la Odisea II

Empieza la cuenta atrás, ya que zarpamos rumbo a Grecia en dos días, y quedan muchos cabos por atar. Entro otros, hacemos las compras básicas para la travesía y la estancia, llenamos armarios y bajo-camas de todos aquellos productos caseros que creemos no encontraremos al otro lado del Mediterráneo.
Finalmente llega la hora de las despedidas, y un jueves frío, lluvioso y gris lanzamos amarras y ponemos rumbo a Cerdeña. Empezamos de ceñida, pero acabamos con un través largo de 15 nudos que permiten que el barco navegue a una media de 9 nudos de velocidad. Nos queda pronto claro que el Unama es una caña, ceñidor y rápido, además de cómodo y amplio. En esta travesía somos seis tripulantes: Joan, Xavi, Angelo, Edu, Jordi y Cris.
Instauramos guardias de 3 horas en grupos de dos personas durante todo el día. Para Joan y Jordi el ritmo de trabajo es incesante: paulatinamente se van estropeando cosas a bordo, que los dos mano a mano van solucionando milagrosamente. Deja de funcionar el generador, se rompe el sable de la mayor, se rompe uno de los garruchos que aguantan la vela, no funciona el invertidor, no responden las luces de las cabinas, se bloquea uno de los rodetes de la cadena y no baja el ancla, la lista parece interminable. Una de las averías más graciosas es la del sistema hidráulico de los winches. Al querer cazar el génova, se activa el winche de bajada de la plataforma del dinghi, al querer izar la mayor, se activan los winches del enrollador. El barco parece encantado. Con mucha paciencia y mucho empeño, uno a uno se van resolviendo lo temas.
Mientras nuestra ruta continúa. Fondeamos al sur de Cerdeña, en un pequeño puerto, donde tras una larga caminata conseguimos comprar pan fresco, y Edu queda gratamente deslumbrado por la belleza de las autóctonas. No conseguimos bajarnos el parte meteo, no hay wifi, así que zarpamos rumbo a Sicilia, donde llegamos un día más tarde. Decidimos desembarcar en la isla de Favignana, conocida por la tradicional “almadrava” – la pesca manual del atún – que ya no está en uso por falta de peces en la zona.
El pueblecito es atractivo, no faltan el café y el helado, pero el wifi vuelve a brillar por su ausencia. En un bar Joan consigue bajarse de un ordenador los U-gribs para los próximos días, y decidimos continuar nuestra ruta hacia Malta por el sur de Sicilia, sin pasar por el Canal de Mesina. Cae el primer y único atún del viaje, que congelamos y nos dura unos tres o cuatro días. Aproximadamente 24 horas más tarde emerge una preciosa ciudad por proa: la Valetta. Esta pequeña isla de 500.000 habitantes ha sido conquistada por cartagineses, griegos, romanos, árabes, Normanos, turcos, franceses y finalmente – durante la II Guerra Mundial , por británicos. En 1964 Malta se proclamó independiente. Quedan trazos de la cultura anglosajona – los coches circulan por la izquierda – pero sus habitantes tienen rasgos latinos y son culturalmente más italianos.

La Valetta es una bellísima ciudad amurallada, llena de callejuelas empedradas, grandes plazas y mucha, muchísima piedra blanca. El Unama se amarra a dos boyas en una zona poco transitada, y pasamos la primera noche en tierra cenando en un restaurante típico y muy sabroso. Por doquier nos acompaña el sonido de las grandes pantallas mostrando los partidos del Mundial de Futbol, deporte que tiene una increible afición en esta isla.
En Malta nos quedamos dos días, ya que aquí tenemos mucho que hacer: compras, buscar recambios, arreglar el sable y el carro, …
Hemos encontrado una “oficina” en un pub inglés con wifi, punto de encuentro y reunión durante el día. Edu decide arreglar la bici plegable de a bordo, la “Brompton” y con ella se recorre las calles de la ciudad.
La última noche en Malta cae una trompa de agua sucia, procedente directamente del desierto de Libia, que dejan el barco sucio y arenoso. Al día siguiente zarpamos ya rumbo a Grecia, y nos pasamos varias horas limpiando la cubierta. A unas 30 millas de Malta entramos en una zona donde todos los grandes mercantes se aprovisionan de combustible más barato. Pasamos al lado de la gasolinera flotante rodeada de ocho o nueve mercantes haciendo cola, como si de una autopista se tratara ;-).

Mientras tanto, a bordo, ha comenzado la liga del backgammon: la Reina del 2006 se enfrenta al campeón del bar Kipper de Lleida. Ninguno de los dos acabará ganando ;-)!!!

En esta segunda parte de la travesía se impone muy poco viento, y avanzamos muchas horas a motor. Pero la media de 8 nudos nos llevan a Neapolis, la ciudad más al sur del Peloponeso. Allí desembarcamos en busca de wifi, y nos tomamos la primera cerveza “Mythos”! Kalimera, hemos llegado a Grecia! …..
Decidimos quedarnos a descansar esta noche fondeados, pero nuestro sueño se ve interrumpido por una subida de viento a 35 nudos: se acanala el viento que baja por las laderas, y súbitamente nos despertamos por el vendaval que entra por las escotillas. Sin embargo, la pesada ancla del Unama aguanta el peor de los “meltemis”.

Nuestra próxima parada ya es en el corazón de las Cíclades, en la isla de Sérifos. Decidimos parar durante un par de horas, ya que no queremos llegar de noche a Mykonos. Entramos a oscuras en la increible bahía: no vemos nada, pero a todos nos invade una sensación de éxtasis – especialmente a Edu – por el intenso olor a flores y la luna llena que se refleja en el mar. Todos menos Joan y Jordi, que parecen no querer salir del tambucho del motor, ya que llevan días intentando arreglar el generador sin éxito. Cenamos en nuestro balcón con vistas, y a la 1 am zarpamos ya rumbo a Mykonos. A dónde, habiendosolamente dormido pocas horas, llegamos a las 6h de la mañana, justo a tiempo para meter el barco en una marina gratuita al norte de la ciudad, donde queda bien amarrado. Xavi y Joan hacen las maletas y a las 10h abandonan el barco en dirección al aeropuerto, rumbo a casa.

Al anochecer nos adentramos en la Chora, estrechas callejuelas serpenteantes forman un laberinto de fachadas deslumbrantemente blancas, ventanucos azules y minúsculas iglesias. Dicen que en la pequeña isla hay más de 380. Cenamos en el restaurante Nikos, en una concurrida plaza enmedio del entresijo de calles. Esta atractiva ciudad atrae a miles de turistas de todo el mundo cada año, y aun siendo junio las calles están repletas de gente deambulando. Se respira un ambiente relajado y veraniego, no sorprende que uno desee perderse aquí para siempre..

Anuncios

Un pensamiento en “Travesía a Grecia – la Odisea II

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s