El Unama en las Cíclades

El Unama está limpio, las camas echas, los cisnes emergiendo de toallas y sábanas, flores en los camarotes… ya sólo falta que lleguen los invitados: A media tarde del martes llegan en taxi Manel – uno de los cinco armadores – con su grupo de amigos. Salen a cenar a Mykonos, y a la mañana siguiente zarpamos rumbo a Naxos. Fondeamos en una bahía transitada por numerosos ferrys, y lo que tenía que ser una corta visita al pueblo acaba siendo una excursión de todo el día al interior de la isla, ya que la troupe decide alquilar un coche. Un SMS nos avisa de que no nos tenemos que preocupar por hacer la comida… esas son siempre buenas noticias ;-)!

Cenamos a bordo, y a la mañana siguiente temprano ponemos rumbo a una apartada bahía al sur de la isla, donde se sirve el desayuno.Tras nadar, correr por la playa y tumbarse al sol, sucumben todos lentamente al ritmo de vida náutico-griego. A bordo el ambiente es distendido y divertido: charlas en proa, charlas en popa, risas por doquier. Esa misma tarde continuamos hasta la isla de Ios, donde fondeamos en una pequeña bahía de pescadores. Habrá aquí ocasión de ir a ver el partido de España contra Honduras en una taverna del puerto.

A motor llegamos al día siguiente a Santorini. El meltemi brilla por su ausencia. Thira es una de las muchas islas volcánicas de esta zona, con el volcán más grande del Mediterráneo. Se cree que ésta fue antaño la isla de Atlantis – descrita por Platón – y que desapareció en 1400 bajo el mar, extinguiendo la civilización Minoan. Impresiona la entrada a la enorme caldera en forma de cráter… a donde el Unama no puede acceder, ya que la profundidad es excesiva para fondear. Así que amarramos el barco en la costa este, en un minúsculo puerto y a un minúsculo muelle, en Monolithos.
Los invitados alquilan un coche para visitar la isla, mientras la tripu se relaja en un hotelito al lado del barco. Cris va de compras a Thira, y Manel no deja encargada una tarea: hacer un sofrito con 12 cebollas, y dejarlas caramelizar durante tres horas, hasta que “literalmente” tengan el color del chocolate. Va a poner hoy en práctica su savoir faire culinario, y nos prepara un arroz empurdanés a la butifarra (ojo al dato, como aquí no hay butifarras él y Joan se encargan de hacer las mandonguillas).
El arroz sale delicioso, y el ambiente fiestero se alargará hasta altas horas de la noche. Jordi, Silvia y Carina convierten la enorme bañera del barco en una pista de baile… La tripu se retira pronto a sus aposentos, ya que a las 7h de la mañana siguiente largamos las innumerables amarras que nos tenían atados al muelle, y ponemos rumbo a Astipalaia.
Ya hemos descubierto que el ronroneo del motor adormece todavía más a nuestros invitados de abordo, con excepción de Manel y Lot, que son los primeros en desayunar. Los demás irán apareciendo en cuentagotas.. para eso están las vacaciones ;-)! Hoy tenemos muchas millas por proa hasta Astipalaia, todo el trayecto lo hacemos en una especie de lago sin olas ni brisas.. y mucho calor. Decidimos parar el barco y zambullirnos en las refrescantes aguas del Egeo.
Tras un variopinto aperitivo llegamos a la escondida bahía de Astipalaia. Un estrecho pasaje desemboca en una enorme cala, divisamos enseguida las innumerables cabras que recorren las montañas en esta zona deshabitada. Fondeamos al fondo de la bahía, rodeados de mucha aridez y de aguas profundamente tranquilas. El lugar ideal para nadar, hacer kajak y visitar el pueblo apartado del otro lado, y cenar extendidamente rodeados de la tranquilidad de las islas griegas.

De nuevo muchas millas por proa, así que a las 6h de la mañana zarpamos rumbo a Nísiros. Llegamos al puerto de Mandraki al mediodía, y amarramos por popa al muelle del pueblo. Nísiros es otra de las islas volcánicas de las Cíclades, además de la ya nombrada Thira, Milos, Kos y Yiali. Todos estos volcanes están situados en la placa tectónica egéica, que se ve presionada por el sur por la placa africana, por el norte por la placa euroasiática y por el este por la placa turca. Los terremotos y la actividad volcánica se originan debido a la placa africana hundiéndose cada año de 4 a 5 cm por debajo de la egea.
No nos da tiempo a visitar el cráter del volcán, pero si de comprar cuatro bandejas de patatas fritas en el bar de la esquina, que acabarán en nuestra paella cubiertas de huevos estrellados. Para chuparse los dedos!!Ya estamos rumbo a Simi: el atardecer es espectacular al entrar por el canal de Nimos hacia la bahía de la ciudad. Buen momento para una sesion fotográfica en proa. Simi nos deja deslubrados y nos quedamos prendados de su belleza: la ladera de la montaña está cubierta por mansiones neo-clásicas en tonalidades de ocres, azules y rosas alrededor de un bullicioso puerto.
Encontraremos un amarre en el muelle, que solamente cuesta 10 Euros, al lado de numerosas goletas turcas y megayates. El aire que aquí se respira es festivo, todos se visten de gala y salen a cenar. Las callejuelas empedradas y empinadas están llenas de pequeñas tiendas tendadoras, restaurantes al aire libre se acumulan en las esquinas. Un lugar al que volver!
Vuelve al barco cada uno a su hora, y por la mañana largamos amarras para fondear poco más tarde en una pequeña bahía al este de la isla. Estamos solos, unicamente un restaurante en la playa, una chora en la islita y muchas horas para disfrutar de este idílico paraíso. Aquí pasamos toda la mañana, entre baños, siestas, comida y descanso. Los hombres, que ayer compraron dos patas de cordero, se dedican a deshuesarlo y prepararlo en una fuente. Todo un espectáculo!
El pulpo y el cous cous ponen punto final a la estancia en la isla de Simi, y esta vez si, navegamos a una media de 8 nudos rumbo a Rodas, la isla más grande del Dodecaneso. Soplan 20 nudos por la aleta, y el Unama se desliza veloz surfeando más de una ola. Ha aumentado el tráfico de veleros, sobre todo de goletas turcas – se nota que estamos ya rodeados por Turquía. La llegada a Rhodes viene acompañada por fuerte viento, y por ello decidimos fondear a las puertas de la marina, eso si, frente a la impresionante muralla de piedra de rodea esta ciudad.
Mientras los invitados se adentran en la ciudad, la tripu supervisa el cordero en el horno y prepara las patatas. Esta noche es la última abordo, y la suculenta cena pone punto final a una semana excelente y muy divertida.

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