Christian & familia a bordo!

Fondeados en Göcek esperamos la llegada de Christian, su hermano Jordi y sus respectivas familias. Este es nuestro primer charter con niños a bordo: dos encantadoras niñas – Yvonne y Carla – y el incansable grumete del barco, Santi.
Ese mismo día zarpamos a una bahía de Göcek: Deep bay. En Turquía se amarra el barco tirando el ancla y se fija la popa a tierra mediante dos amarras, que se atan a una piedra o un árbol. Christian y Jordi se llevan los cabos con el dinghi a tierra, y Unama queda bien fondeado en la bahía. Se crea una particula piscina a popa, que los niños utilizan para nadar y snorkelear. En esta zona la vegetación es exuberante, enormes pinedas descienden hasta el mar, y el barco está rodeado de montañas. Las aguas, claras pero ni trazo de peces ni vida marina.
Temprano al día siguiente partimos rumbo oeste, avanzamos a motor durante 3 horas hasta llegar a la desembocadura del río Dalyan. Con unas barcazas se puede remontar el río hasta llegar a Ancient Caunos, una ciudad antigua con innumerables tumbas en las rocas.
Mientras nosotros nos relajamos a bordo, la troupe decide subir río arriba. Por la tarde continuamos hasta una gran bahía cercana, donde fondeamos en delante de un pequeño pueblo. Por primera vez nos invade un enjambre de avispas, están por todas partes, ¡¡sobre todo en la cocina!! Las sufrimos mientras hacemos pan: la primera ciabbata de abordo! Resulta exquisita, y será un clásico durante toda la estancia en Turquía.
La próxima parada es en Gemiler Adasi, una zona de islitas más al este de Göcek. Esta es una noche importante: la final del Mundial de Fútbol, España – Holanda! No podemos perdernos el gran partido… así que la prioridad es encontrar un restaurante con TELEVISIÓN! Damos en el clavo: fondeamos en Karakaören Bükü frente a un típico y tradicional restaurante turco. El fondeo es accidentado: mientras tiramos el ancla se nos lía la cadena, salta del molinillo y caen estrepitosamente los 150 metros de cadena al agua. Acalorados volvemos a subirla, y conseguimos finalmente amarrarnos a unas rocas por popa. La tarde la pasaremos remojados en el agua, disfrutando de ese “no hacer nada” tan intrinsicamente unido a la vida de abordo. En este caso estamos rodeados de altas montañas y las vistas son todavía más fascinantes.
Por la noche nos preparamos para el gran partido, y un niño en su barcaza nos viene a buscar para cenar. El restaurante parece una casa familiar y tipicamente turca, lo regenta una familia con todas sus generaciones. Nuestros corderos y pescados se hacen al horno de leña, mientras nosotros sufrimos durante la primera parte del partido. 0 – 0. En el intermedio degustamos los platos turcos preparados, y vuelta al partido. Acaban con un 0-0, las chicas y los niños que se han dormido sentados en sus sillas vuelven al barco, mientras los hombres no se pierden del único gol español marcado en la prórroga. Resultado: ESPAÑA GANADOR DEL MUNDIAL!!
El próximo fondeo es en la preciosa bahía de Cold Water Harbour, donde una fuente de heladas aguas refresca el mar que nos envuelta. “The iceman”, un vendedor de helados en una barcaza al que le compramos varios ayer – nos ayuda a hacer la maniobra de atraque a una roca por popa. A cambio.. a comprar más helados!! Pasamos el día nadando y Jordi hace alguna de sus excursiones a la cima de la montaña. No puede faltar el “churro” – artilugio que con el dinghi hace saltar a los niños por los aires.
A la mañana siguiente aparece otra barca, esta vez con una señora que hace deliciosos creppes, de los que acabamos comiendo todos. Pasaremos el día en otra bahía cerca de la famosa playa de Ölu Deniz. Por la noche fondeamos en Kizilkuyruk Köyu, una de las escondidas calitas de la enorme bahía de Göcek, la que nosotros consideramos más bonita por sus pinedas que llegan hasta el mar y sus verdes montañas. Christian tiene ganas de navegar, lo que ha escaseado estos días, así que salimos al mar y durante un par de horas disfrutamos de la potencia de esta fantástica Catana.
Entramos en Seagull Bay, llamada así por una enorme gaviota pintada en la ladera de la montaña.
Allí conocemos a Hassan, que nos convence para cenar en su espartano e original “restaurante” al lado del mar. Puntuales a las 20h nos presentamos en la playa, no hay rastro de restaurante, solamente unas esparcidas sillas y algunas cabras. Estamos una hora “gestionando la espera”, y efectivamente aparece Hassan con unas mesas, más sillas, manteles y platos, unas bombillas que cuelga de los árboles… Su esposa baja de la montaña con unas bandejas de patatas y ensalada, han encendido unas brasas en la orilla y allí preparan nuestro pescado. INCREIBLE lo rico que está todo… la espera ha valido la pena. Con millones de estrellas como techo, eso si, algo ahumados, disfrutamos de este especial lugar, sencillo pero muy auténtico. Hay aquí muchos rincones por descubrir todavía…

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