Tono & familia a bordo!

Tras un día de aprovisionamiento en Fethiye, llega tarde por la noche la familia : Tono, Maloles y las tres niñas: Lola, Ana y Celia. Temprano zarpamos rumbo al este, esta semana nos alejamos de nuestro puerto base para conocer más extensamente la costa turca. A vela recorremos la costa, sube el viento un par de horas y aprovechamos para desempolvar las velas.
Llegamos a primera hora de la tarde a la isla griega de Kastellórizon, la más alejada de territorio griego. Fondeamos al lado del la bahía del pueblo. Esta isla es conocida porque fue rodada aquí la película de Mediterráneo, y los griegos que aquí viven defienden con fervor su nacionalidad.
El pueblecito, muy auténtico, como olvidado en el pasado, con un par de señores sentados a la sombra observando cómo pasa el tiempo. Sigue nuestra ruta a Kale Köy frente a la isla de Kekova. Se trata de un pueblo rústico esparcido en una montaña con un castillo en la cima. Al frente, recorremos con el dinghi una ciudad hundida a causa de un gran terremoto que tuvo lugar en el año 540 d.C. Pasamos la noche en Gokkaya Limani, una serie de bahías e islas remotas, fondeamos – esta vez sin cabos por popa – en la tranquila bahía ideal para recorrer con el kajak. Nuestra próxima parada es en la anhelada bahía de Karaloz, la así llamada “bahía perfecta”. Es pequeña y estrecha, rodeada de verdes montañas. Cuesta encontrar aquí sitio para fondear, pero a nuestra llegada nos acompaña la suerte, ya que estamos solos. Para más inri, atamos un cabo por proa hacia el otro lado de la bahía, con lo que cerramos el paso a cualquier otro barco que quiera disfrutar de este pequeño y tan privado paraíso. Jordi y Cris deciden poner a prueba su resistencia, y subimos hasta la cima del cerro, entre zarzas y un sol aplastante que nos deja bañados en sudor. Pero como veis, las fotos compensan con creces el esfuerzo. Por la tarde fondeamos delante del pequeño pueblo de  Uçagiz, donde la troupe sale a cenar.
A las 8h zarpamos en dirección a Kas, una pequeña ciudad turística en la costa. Fondeamos en Bayindir Limani, bonita bahía a una milla del puerto. La excursión a Kas valdrá la pena: vuelven todos adornados con preciosos y artísticos collares.
Kalkan es la última bahía antes de bordear la costa de los siete cabos rumbo a Fethiye. Son unas 30 millas en las que el viento viene de proa y no hay fondeos para hacer una parada. La única cala en esta zona está abarrotada de goletas. Fondeamos con dos cabos por popa, y después de comer – justo en ese momento en el que lo que más se anhela es una buena siesta – empieza a subir el viento a 20 nudos y nuestra ancla garrea. Hemos de abandonar el fondeo, el viento arrecia hasta 28 nudos así que no tenemos otra alternativa que fondear libremente en medio de la bahía. No dejará de soplar un intenso viento toda la tarde. Por suerte al día siguiente amaina un poco, pero el mar no ha tenido tiempo de calmarse. La vuelta a la bahía de Fethiye es movida e incómoda, los niños se marean, pero solo fondear rodeados de pinos y acantilados saltan al agua y todo mareo queda rápidamente olvidado. Triste sensación la de volver a tierra. Temprano al amanecer Christian y familia cogerán un avión de vuelta a casa.

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