Gina ya está aquí!

Hace muchos días que no actualizamos el blog y damos señales de vida… y es que lo acontecido en estos últimos días ha sido tan intenso y transformador que no nos ha dejado tiempo ni energía de compartirlo con nadie. Unos días que significan un paso enorme en nuestras vidas.
Gina ya está aquí entre nosotros!! Mirando atrás, ha sido esta última una semana de acontecimientos y emociones inolvidables. Después de haber pasado dos noches en casa con contracciones irregulares, decidimos el miércoles por la mañana coger la maleta y poner rumbo a la casa de nacimiento Migjorn.
Las comadronas de guardia – Ana y Adela – nos instalan en el pequeño apartamento donde tenemos previsto dar a luz a Gina. Empiezo tomando varias cucharadas de aceite de recino, que ha de ayudar a regularizar las contracciones y empezar el proceso de preparto. El efecto es inmediato, y pronto se intensifican las contracciones. Se paran un ratito y Jordi propone ir a tomar un chocolate caliente a la pastelería al lado de Migjorn. Mientras a Jordi le explican cómo hacer un chocolate caliente, a mi me coge una contracción galopante allí mismo. Intentamos volver a la casa enseguida, pero me desplomo enmedio de la calle. Pasan dos señoras, y sueltan el comentario: “Aquesta está a punt… ” En la sala de dilatación de Migjorn empezamos a dar la bienvenida a contracciones más fuertes. Somos un buen equipo: yo encima de la pelota y cogida a una cuerda que cuelga del techo, Jordi detrás mío comprimiendo las lumbares cada vez que se aproxima una contracción. Así pasaremos las próximas 7 horas. El dolor es soportable, y puedo traspasarlo, vivirlo y alegrarme de él, ya que nos acerca cada vez más a Gina.
Pero subitamente a la 1h de la madrugada todo cambia: el dolor se vuelve más punzante, y se concentra en un sólo punto del útero. Ana me hace un tacto, y dice que he dilatado tres centímetros, pero que tengo el cuello del útero muy inflamado. Parece ser que la cabecita de Gina me está apretando el cuello en cada contracción, haciendo del dolor algo insoportable. Las próximas tres horas serán un infierno, ya que no consigo aguantar el dolor punzante, y ni el agua caliente de la bañera consiguen relajarme. Se aceleran una contraccion tras otra, los gritos son cada vez más descontrolados, no estoy cansada pero ya solamente lucho contra el dolor… hasta que abandono. No puedo continuar, y con Jordi decidimos poner rumbo al hospital. Es una noche gélida, yo no siento el frío, pero si las contracciones que no se paran en el coche. Nos reciben cálidamente en el hospital

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