Viaje a Malta

Hoy Gina cumple tres meses, día que coincide con el de la compra de nuestro Moody 42 en Malta. Bjorn y Christine han traído el barco desde Sicilia hasta la Valetta, donde está amarrado a una boya en la bahía. Es aquí donde venimos a firmar el contrato de compra-venta, con la inestimable ayuda de Christian, broker de S&D que con su arte comunicativo consigue poner a todo el mundo de acuerdo ;-). Por ahora el nombre del barco seguirá siendo Mischief y mantendrá la bandera australiana, una vez en Canarias le cambiaremos el nombre a NEMO y lo abanderaremos en Alemania.

¡Un gran día, un gran barco, un gran acuerdo! Parece que Gina esté al tanto de todo, está emocionada y no deja de opinar durante la reunión.. Hace días ya que de su boca salen sonidos guturales variados con entonaciones diversas, acompañados de expresiones faciales sorprendentes. Tiene una gran capacidad de observación, no deja de mirar alrededor suyo, concentrada, como si no se quisiese perder ni un detalle de lo que la rodea. Es nuestra niña “portátil”, tan pequeña y ya tan viajera, y siempre sonriente.. Todos parecen encariñarse con ella y atrae mucha atención. Esta misma noche invitamos a Bjorn y Christine a cenar a un restaurante de la bahía, para nosotros la celebración del inicio de la gran travesía, para ellos del inicio de una nueva etapa en tierra.

Al día siguiente – después de sacar el barco del agua para hacerle una inspección profesional – un survey – indispensable para contratar el seguro – ya nos mudamos a nuestro nuevo hogar. Gina requiere mucha atención y dedicación, y solamente podemos ir conociendo a nuestro Moody lentamente, sin prisas, como dejando que el barco se vaya haciendo nuestro gradualmente. Los ruidos, los olores, la luz interior, el movimiento.. todo forma parte importante de este nuevo hogar, al que nos vamos a ir acostumbrando y al que vamos a ir queriendo. Con los barcos sucede como con los seres humanos: los vas haciendo tuyos con el tiempo, el cariño hacia ellos incrementa con cada milla que pasas a bordo. Tenemos la gran suerte que este barco ha sido muy querido y cuidado. Christine y Bjorn no han dejado de trabajar en él, mejorándolo y convirtiéndolo en un cálido hogar.

Qué bien se duerme a bordo. La primera noche – los tres compartiendo la enorme cama de la cabina de popa – ha sido tranquila, acompañada del crujir del casco en contacto con el agua.

Hoy los ex-armadores han venido a bordo, para ver qué tal nos estamos instalando, y para seguir transfiriéndonos los conocimientos relativos al funcionamiento del velero. Hay mucho que aprender, mucho por conocer.

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