Más Menorca

Otra semana de vida a bordo en la costa norte de Menorca, esta vez en compañía de Lluis, Yoli y Laia. Es para ellas la primera experiencia de vivir a bordo de un velero. Inolvidable la noche estrellada en Cala Caballería – después de deleitarnos Jordi con una suculenta fideuá – nos tumbamos a mirar las estrellas. Todo nos hace pensar que será una buena y tranquila noche. Sin embargo, de madrugada entra mar de fondo del norte y el Mischief empieza con el “rock & roll”… Nos despertamos todos zarandeados por el vaivén de las olas. Yoli y Laia acabarán paseando por la playa para tocar tierra firme y apaciguar sus revueltos estómagos.

Así que volvemos a poner rumbo a la bahía de Fornells, bien protegida de los avatares del norte. Una preciosa subida a la mola de Fornells, con Gina por primera vez sentada en la mochila excursionista, nos ofrece unas increíbles vistas a los acantilados y el pueblo.

Con el temporal del norte amainando, ponemos rumbo al día siguiente a Pregonda. La noche parece tranquila y decidimos quedarnos, pasando una buena noche. La cala es preciosa, y atrae a docenas de veleros y motoras. Durante el día sube el viento y la cala se convierte en una jaula de grillos. Lo pasamos muy bien observando las maniobras de los otros veleros, sobre todo la de un catamarán que garrea incesantemente, decide finalmente zarpar de allí pero tiene a sus jóvenes charteristas nadando en la playa. Jordi va en su búsqueda con el dinghi, y cuando finalmente abandona el cata la bahía todos aplauden felices y tocan sus bocinas.

Memorable navegación rumbo a Fornells, Lluis cada vez más ducho a la caña.

Para pasar la última noche escogemos la bahía de Mongofre, bellísima cala en la costa este de la isla, con una zona protegida por rocas que crea unas piscinas ideales para que Gina se pase horas chapoteando en el agua. Lo de jugar con la arena se está convirtiendo en un gran placer cotidiano para ella. Es domingo y los menorquines han invadido también esta cala, aunque a lo largo del atardecer van abandonando la bahía y acabamos siendo los únicos allí fondeando. Mediados de agosto y estamos solos en tan bello lugar: no se puede pedir más!! A la mañana siguiente decidimos subir la enorme duna que rodea la cala, y desde arriba las vistas son espectaculares.

De nuevo, una divertida semana en buena compañía! Tras las despedidas en el bar S’Algaret de Fornells volvemos al barco. Se hace extraño volver a estar solos los tres, aunque no será por mucho tiempo…

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