Mischief & Jadic

Se avecina un emotivo encuentro: el del Mischief con el JADIC. Estamos expectantes porque hoy el Jadic – con mi hermano Dani, Genie, Ainara, Luna, Noa i Nils a bordo – cruzan el canal rumbo a Menorca, y tienen prevista su llegada por la noche tras horas de rabiante ceñida. Nosotros – que llevamos fondeados tres increíblemente calurosos días en Algallarens – zarpamos rumbo a Ciudadela a las 6h de la mañana. Y el primer barco que nos encontramos entrando con el dingui en el puerto es al querido Dehler 36 allí amarrado. Con un café y ensaimada nos reunimos en el centro de Ciudadela, luego las niñas se embarcan con nosotros rumbo a Son Saura, que al estar al sur nos protege de la tramontana que se espera para el día siguiente. Los incansables cuatro grumetes son una fuente de inspiración en la playa, donde todo juego es posible y las actividades no parecen cesar nunca.

Que alegría ver al Jadic aquí fondeado, con su palo erguido y preparado otra vez para ofrecer innumerables momentos de placer a sus ocupantes. Se le nota contento, agradecido de poder dar cobijo de nuevo a esta troupe tan simpática. El domingo hacemos una excursión hasta una cala de aguas turquesas y arena blanca, donde pasamos gran parte del día. Tras la siesta en nuestros respectivos barcos nos reunimos en la playa para cenar. Las ricas ensaladas, las cervezas que una tras otra van desapareciendo, los bailes de los niños, los manjares a base de productos marinos de Ainara, la buena charla y el atardecer, la música de los cumballás de al lado… todo contribuye a una velada veraniega playera muy especial. Aparecen los mosquitos y desaparecemos nosotros – cada uno en su barco, pero – una vez hemos conseguido dormir a Gina – Dani nos trae en dinghi a Ainara, Luna y Noa que vienen a dormir al Mischief. Seguirán las conversaciones en proa…

A la mañana siguiente es hora de zarpar, eso si, después de un multitudinario desayuno (con Cola Cao incluido) en la bañera del Mischief. Las despedidas traen consigo esa extraña mezcla de alegría, emoción, melancolía y tristeza. Pero a ellas nos deberemos acostumbrar en este viaje. Será cosa de mirar al frente, izar velas y poner rumbo al próximo destino: la isla de Mallorca.

En 4 horas dejamos por popa las 30 millas que separan Menorca de Mallorca. Se trata de una ceñida, pero los 15 nudos nos permiten ir rápidos y a rumbo directo a cala Sa Agulla, donde hemos quedado con Franc, Andrea y sus hijas a bordo del Can Drac. Nos deberíamos haber conocido en el Caribe hace cuatro años, pero aunque los mares son inmensos somos pocos los que los habitamos, y siempre llega el momento de reencontrarse con otro navegante. Entre muchas otras cosas ellos son los creadores de una web que pone en contacto a navegantes de todo el mundo, comunidad que ahora ya cuenta con casi 4000 miembros: www.seaknots.com

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