Formentera – Tánger

Se cruzan dos ferrys: en uno va Nacho de vuelta a Ibiza, en el otro viene Helen, que viene a pasarse una semana con nosotros. Decidimos fondear en la famosa playa de Espalmador, que resulta estar llena de boyas ocupadas por tantos barcos que desaparece por un instante la belleza del lugar. Después de la fuerte tramuntanada han bajado considerablemente las temperaturas, pero el agua continúa caliente, en esta playa es turquesa que resalta frente a la blancura de la arena.

Tras dos días de vida playera y buena comida, y tras estudiarnos el parte meteorológico detalladamente, decidimos que ha llegado nuestro “weather window” y que es el momento adecuado para empezar a bajar hacia el sur, objetivo: Tánger. Nuestro plan es pasar el resto del mes conociendo la costa marroquí, y pronostican vientos portantes hasta Gibraltar. Empieza así una de las travesías más “emocionantes” a bordo del Mischief.

Zarpamos a las 17h, y efectivamente se instaura un nordeste de fuerza 4, con el que avanzamos raudos este primer día. La estrellada noche nos permite a todos disfrutar de las solitarias guardias, hasta Helen – después de recibir una formación detallada por parte de Jordi – consigue disfrutar con el rápido avanzar del velero. La marejada que nos acompaña nos propulsa rumbo al sudoeste. Al día siguiente va cambiando lentamente el panorama. El viento ha ido arreciado a fuerza 5, y las olas de dos metros se han transformado lentamente en olas de 3m a 4m. Aunque seguimos surfeándolas, el movimiento a bordo es cada vez más incómodo. Ponemos el segundo rizo y enrollamos génova, y a la altura de Cartagena hacemos una trasluchada poniendo rumbo directo a Gibraltar. La media a la que avanza el Mischief es de 7 nudos. Mientras estoy dando el pecho a Gina en el camarote oigo gritos en cubierta: Delfines, delfines!! Y segundos más tarde: han picado!!!

Efectivamente, un enorme atún rojo de 5 kilos cuelga de nuestra rapala. La primera vez que pescamos a bordo del Mischief!! Jordi consigue arponar al precioso pez y lanzarlo dentro del barco, y sin miramientos le clava unos cuantos martillazos que transportan al atún a mejor vida. El enardecido oleaje y el poco espacio para trabajar hacen que Jordi se clave inesperadamente el anzuelo en el muslo de su pierna derecha. Se podría decir literalmente que se ha pescado a si mismo.

El proceso para liberarse del anzuelo es complejo: tiene que traspasar por otro lado la carne para sacar la punta y así poder cortarla con unas tenazas. Impresionante ver el coraje con el que Jordi se agujerea la piel para sacar el anzuelo. Por momentos pienso que se va a desmallar, y al instante aprieta con firmeza y consigue así finalmente cortar el afilado y traicionero gancho. Ahora toca limpiar y filetear el pescado, en el proceso perdemos el cubo de agua, escandalosa la sangre que corre por la cubierta de sotavento. No sabemos si es de Jordi o del atún. Decididamente hemos de mejorar la logística pescar.. y de esta manera le volvemos a coger el pulso a esto de la pesca..

Ha vuelto a arreciar el viento, y ya tenemos 25 nudos constantes por la popa. Se avecina una noche rocambolesca. El barco se ve zarandeado bruscamente con cada ola, que parecen haber crecido hasta los cuatro metros. Toda la noche todos estamos desvelados – aunque si muy cansados – se hace difícil dormir con tanto movimiento. Únicamente Gina parece haberse quedado profundamente dormida con el vaivén de las enormes olas, inalterable descansa pacífica en un mar tan bravío.

En la oscuridad aparecen por proa unas enormes nubes negras, que escupen látigazos de lenguas destellantes y atemorizadoras: una tormenta eléctrica. Delante nuestro el cielo se cubre de rayos, que atraviesan el cielo y – algunos de ellos – caen estrepitosamente al mar. Vamos cambiando el rumbo intentando esquivar las nubes más negras, apagamos los instrumentos y admiramos la belleza del horizonte iluminado.

Pero lo peor está todavía por llegar. Entramos en la zona de los mercantes, y unos 7 o 8 nos rodean al mismo tiempo. Jordi habla con ellos por radio, increible pero con este mar ninguno de ellos nos ha detectado en sus radares. Radio Cabo de Gata se pone en contacto con nosotros, dándonos información sobre alguno de los mercantes. Y nos suelta la noticia: a partir de ellas 6 am vuelve a arreciar el viento, esta vez hay aviso de temporal con fuerza 7 y mar gruesa.

Estamos agotados, y no dudamos ni un momento: buscaremos cobijo en Almerimar que se encuentra a unas 40 millas al oeste. Las siguientes horas son una nebulosa de sensaciones. Sólo con tres rizos en la mayor y el génova enrollado avanzamos surfeando las olas en dirección a la costa. Somos un pequeño punto en un mar embravecido, que avanza con dificultad entre montañas de agua espumosa. El piloto ya no aguanta, ya que para llegar a Almerimar tenemos que ponernos de través a las olas, y las últimas ocho horas las pasamos a la caña Jordi y yo, surfeando y orzando cuando el mar nos lo permite, y a decir verdad, disfrutando al timón en estas condiciones. Helen es de incalculable ayuda en la proa, donde hemos montado un parque para Gina, y las dos juegan como si afuera no estuviera pasando nada excepcional.

Las olas barren la cubierta y entran dentro del cockpit a raudales. Mojados, salados y agotados entramos finalmente en puerto seguro. Eufórica la sensación de estar amarrado a tierra, con el viento rugiendo fuera. Un carpaccio de atún fresco y una botella de vino acaban por convencernos de que tras la tormenta llega la calma, y de que la aventura de la vela es impredecible. Nosotros hemos aprendido la lección, y hemos decidido ser mucho más conservadores la próxima vez. Nuestro querido Mediterráneo es un mar caprichoso y revoltoso, y el Mischief vuelve a demostrar que ha sido la mejor elección.

Al día siguiente ya descansados zarpamos rumbo a Tánger, del temporal de ayer ya solamente quedan la marejadilla y cuatro o cinco nudos de proa. El depredador se ha convertido en pocas horas en una ovejilla, y a motor avanzamos hasta el Estrecho de Gibraltar. La travesía es ociosa y tranquila, cae otro bonito, esta vez acaba “al escabeche”, pronto habremos recorrido 160 millas y cruzamos el Estrecho, mucha niebla, mucho tráfico.. y ante nosotros Tánger! Qué sorpresa, la nueva marina que debía estar acabada en el 2012 se ha retrasado hasta el 2015. Nos abarloan a otro barco en un lugar apartado del puerto de pescadores, porque no hay otro sitio disponible. La entrada a Marruecos nos resulta algo caótica y sucia, pero no nos quedamos con la primera impresión. Tenemos muchos días por proa en este país y lo iremos conociendo poco a poco…

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