Rabat – La Graciosa

Sale la luna roja, grande, luminosa y muy redonda por popa… Hace ya tres noches que ilumina nuestra estela en la mar y hace nuestras guardias más acompañadas, menos solitarias. El Atlántico nos ha dado la bienvenida con un día de encalmada y dos días con vientos del NW y N que oscilan entre los 20 y 25 nudos. Tras 24 horas de avanzar a motor esperábamos ya con ansiedad la llegada del fresco y anunciado viento del norte. Como dice Jose: a veces Eolo complace al navegante.

Jose llegó a Marrakesh en avión, a Rabat en tren y a la marina en un taxi un viernes por la noche, rodeado de lluvias torrenciales. Se vino a reunir con nosotros para echarnos un cabo en la travesía hacia Canarias, 470 millas más al sudoeste de Rabat. Llega ilusionado y con ganas de zarpar… pero el parte ya lleva días sin permitírnoslo, soplan viento del sur y hay una borrasca cerca que no para de descargar lluvias. Parece ser que el domingo todo cambia, y que al mediodía con la marea alta, la marina nos permitirá al fin zarpar a los siete barcos que esperamos anhelantes ya desde hace días este momento.

Así que dedicamos el sábado a hacer algo de turismo con Jose, hacer las últimas comparas en el mercado, comer las excelentes costillas de cordero en el Bahía y pasar a ver a nuestros panaderos preferidos, de los que nos despedimos llevándonos 10 panes marroquíes que una vez acabados sin duda echaremos en falta.

Y efectivamente, el domingo por la mañana sale el sol, y tras organizar los últimos preparativos y despedirnos de aduanas, zarpamos rumbo al oeste los siete veleros. Con ellos vamos a estar en contacto a diario a las 17.30 por una frecuencia de la BLU. Curioso tratándose de catamaranes, Mischief siempre navegando a la cabecilla del grupo ;-).

El día en el que avanzamos a motor pescamos dos atunes de 2 kg cada uno, una pequeña compensación por la falta de viento.. pero que alegría cuando entra por fin el pronosticado viento portante!! Jordi y Jose atangonan el génova, y así – con orejas de burro y dos rizos en la mayor – el Mischief solo hace que comerse milla tras milla, veloz, recio, surfeando las grandes olas que nos empujan mar adentro. Alguna punta de 10 nudos, y una media de 6 a 7 nudos nos permiten dejar 150 millas por popa cada día. Qué ganas ya de tocar tierras españolas, algo más cálidas que las del norte, y comernos ese pulpito en la taberna del Chano del que ya nos han Hablado. Nuestro primer destino va a ser la Isla de La Graciosa, el Caribe canario, unos de los pocos fondeos de aguas turquesas de las islas.

Pero volvamos al aquí y al ahora, al presente en el que tan intensivamente viven el Mischief y Gina. Volvamos a esa gigantesca luna que ilumina el génova, a esas olas que nos van empujando hacia el sur a lo largo de la costa africana…. Se nota que este barco ya las conoce bien, se mueve ágilmente entre ellas y se siente a gusto en su compañía. Al Mischief se le notan todas esas miles de millas que tiene por popa….

Al día siguiente … ¡Tierra a la vista! En el horizonte aparece la isla de La Graciosa. La entrada por el Canal del Río es espectacular, a la izquierda los acantilados agrestes de Lanzarote, a la derecha la luminosa isla de La Graciosa. Esta pequeña isla se ha quedado como congelada en el tiempo, es completamente salvaje, a excepción de un pequeño pueblecito de casas blancas y calles arenosas. Fondeamos en la bahía de los Franceses – donde ya están fondeados 30 otros veleros, todos ellos extranjeros. Es un lugar paradisíaco, de playas blancas y aguas turquesas, pero sobre todo impacta la belleza de las colinas que nos rodean, que dependiendo de la luz del día van cambiando de color, cubriendo un amplio abanico de ocres y rojos.

Nuestra alma regatista aflora al enterarnos de que hemos llegado los primeros de la flotilla que zarpó de Rabat, hasta les hemos sacado más de diez horas a los catamaranes de 46 pies.

Jose nos invita a comer al pueblo, que se encuentra a 2 millas en dinghi hacia el norte. El Chano está cerrado, pero nos reciben con los brazos abiertos en El Pescador, y pronto está la mesa llena de unas enormes lapas, pulpo, y todo tipo de pescados de la zona – de entre ellos ya solo recuerdo a la Bruja y al Chanchorro, todo ello rociado con un fresquito vino blanco de las islas. Gracias Jose, que buena velada y que buena gente!! Entonadillos recorremos las calles de este pueblo pesquero, que sin embargo está lleno de veleros que dejan aquí su barco por temporadas largas. Estamos pletóricos por haber encontrado un rinconcito de mundo tan único y especial.

Jose ya se marcha al día siguiente, pero por la mañana nos da tiempo a subir a la colina más cercana, desde donde tenemos unas vistas espectaculares a la bahía y a la cercana Lanzarote. En el pueblo nos tomamos la última cerveza juntos,.. seguro que pronto volveremos a compartir una en algún otro lugar del mundo!

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