Mindelo

Llegamos a Sao Vicente tras 6 horas de una navegación placentera – mar plana y 10 nudos del través – entrando en Porto Grande, una preciosa y gran bahía muy protegida y rodeada de montañas onduladas, justo para admirar la puesta de sol. A un lado de la bahía aparece la cosmopolita ciudad de Mindelo y sus coloridas y coloniales casas, donde se concentra casi toda la población de la isla, unas 70.000 personas. Desde el 2007 y gracias al tesón y esfuerzo de dos alemanes han construido en la gran bahía una marina, que muchos veleros visitan antes de cruzar el Atlántico. Nosotros iremos la última semana antes de zarpar para preparar el barco, mientras tanto fondearemos en la bahía.

Nos sentimos a gusto en Mindelo: deambular por la rua Lisboa, tomar un café en el artístico Café Lisboa, pasear por la Rua do Telégrafo y observar el ambiente en las plazas. Pero lo que más nos gusta son sus concurridos mercados. Cada mañana visitamos el mercado de pescado, donde se venden kilos y kilos de pescado fresco: caballas, salmonetes, lenguados, atunes, sepias, langostas, y un sinfín de peces desconocidos. Todos ellos entre 1 y 3 euros el kilo (incluido el lenguado), así que casi cada día comemos pescado fresco a bordo.

También son coloridos los mercados de verduras y frutas, con sus bananas, papayas, piñas. Aunque contrasta el precio de un kilo de tomates en comparación con el precio del pescado, mucho más caro el primero que el segundo. Y es que algunas frutas y la verduras proceden en el mejor de los casos de Santo Antao, la isla que está justo al otro lado del canal, o en el peor vienen de Europa. Sao Vicente es demasiado seco para que puedan crecer otra cosa que patatas y maíz.

Dos días después de nuestra llegada fondean junto a nosotros nuestros primeros amigos cruceristas de este viaje: Mario y Alessandra. Viajan a bordo de un bonito Bristol 51 llamado “Golden Argosy”. Ya estuvimos a bordo de su barco en Tarrafal, y al tratarse de una pareja de italianos de nuestra edad, hacemos algunas excursiones juntos. Una de ellas nos lleva a la Bahía das Gatas, aparentemente una de las playas más bonitas de la isla. Sin embargo nosotros llegamos allí en un día nublado y frío, y a ninguno nos apetece meternos en el agua. Eso si, no faltan las cervezas y una aceitosa comida a base de patatas fritas, bacalao y pulpo en el bar del pueblecito.

Nos invitan varias veces a comer a su barco, y Alessandra nos deleita con salmonetes al tomate fresco un día, con pasta a la langosta el otro. A bordo del Mischief no puede faltar la cena a base de paella – especialidad de Jordi – y un delicioso Apfelstruddel hecho por Alessandra. Qué pena, tras 10 días compartiendo el día a día en Mindelo, zarpan finalmente rumbo a Martinique. Seguro que volveremos a encontrarnos, como muy tarde en Colombia o Panamá el año que viene.

En la comisaría de Mindelo – al formalizar la entrada en la isla – conocemos a Paula, una chica caboverdiana que allí trabaja y que se encariña con Gina. Tiene 21 años y es madre de una niña de 6 años y un niño de 1 año. Nos invita a visitar su familia, vive con su madre y sus hermanos en una casita de la colina. Con ganas de que Gina pueda interactuar con otros niños, y pensando que quizás podamos dejar a Gina allí una noche con Paula de canguro, aceptamos la invitación. La madre de Paula nos recibe con los brazos abiertos, también lo hacen los 5 cachorros y 2 gatos que viven en la casa. Pronto nos damos cuenta de que no sólo los perros orinan en el suelo del salón, sino que Paulo – el bebé de Paula – no lleva pañales y también va orinando donde le place, así que Gina se ve rodeada de pipís en poco tiempo. Sólo de tanto en tanto pasa alguien un mocho por el suelo. Sin lugar a dudas algunas familias de Mindelo sufren de escasez de agua… y también de salubridad. Queda decidido: ¡no dejamos a Gina en esta casa! Igualmente nos reunimos con los italianos para cenar una pizza y escuchar algo de música … con Gina, que se mece al ritmo de la música caboverdiana 😉

La pequeña está haciendo grandes avances en su estabilidad, y aquí ha empezado ya a caminar sola. Sólo son cinco o seis pasitos seguidos, pero estamos encantados de ver cómo se va independizando por momentos. También aquí le ha salido a Gina su tercer diente, el de arriba a la derecha. Con sus tres dientecitos se ha convertido ya en una auténtica gourmet: lo prueba… y le gusta todo lo que comemos nosotros, sobre todo el pescado. No hay manera de que se coma los potitos de verduras y carne que llevamos en el barco desde Tenerife: ¡ya ha probado lo que es bueno! 😉

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3 pensamientos en “Mindelo

  1. Mis mejores deseos para vosotros. Me alegra saber que Gina sigue creciendo y os felicito por estar dando a vuestra hija una vida tan rica de en experiencias que, a buen seguro, irán haciendo de ella una persona maravillosa, inteligente y con muchos medios para salir adelante en cualquier situación.
    Un montón de besos con todo mi cariño y que la proa de vuestro barco no sepa nunca de mares duros y que los vientos acaricien siempre las velas…sin maltratarlas.

  2. Per molts anys Gina, ja veiem que estàs feta una gourmet, de tota manera, segur que et faràs molt gran.
    Nosaltres a Sort avui tenim neu i vent, i podem disfrutar de la muntanya.
    Us felicitem a tots tres i endavant cap a Les Amériques.
    Nusalsina.

  3. Per molts anys Gina !!!!! , ja veiem que has donat els primers passos, però Déu n’hi doret GIna, un any sense caminar i ja has voltat mig món. Això és l’auguri d’una gran viatgera.
    Us desitgem a tots plegats un viatge a la plenitud del plaer.

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