BELO HORIZONTE

Para todo navegante llega un día el anhelado momento de dejar atrás velero y costa, para adentrarse en el país y descubrir algo de su interior. Este momento ha llegado para nosotros: volaremos al estado de Minhas Gerais (unos 1500 km al oeste) para visitar en Belo Horizonte a nuestros amigos brasileños. Dejamos a Mischief bien amarrado en la marina de Sandoval al norte de Salvador – recomendada por muchos por su servicio y su tranquilidad. Mientras Carla coge su mochila para pasar los próximos cuatro días en Pelourinho de Salvador, nosotros cogemos un avión rumbo a Belo Horizonte.

Fabiano nos recoge en el aeropuerto y de camino a su casa vemos que se trata de una ciudad muy limpia y cosmoplita, menos “africana” que Salvador. Gina conoce por fin a Heitor, de 2 años, con el que pasará los próximos días jugando y a veces peleando, aunque aun siendo tan pequeños se establece una evidente relación de cariño entre los dos.

Gina disfruta en el nuevo ambiente, con toda esa cantidad de juguetes nuevos, pero n conseguimos evitar que grite asustada cada vez que se le acerca Kuki, el bulldog inglés de la familia.

Una vez en casa Renata y Lina – la madre de Fabiano – saboreamos en la terraza el tradicional churrasco brasileño, un enorme trozo de carne hecho a la barbacoa. No cesarán durante todo el fin de semana de servirnos suculentos platos preparados por Fabiano, que está asistiendo a un curso de cocina – y regados por excelentes vinos, otra de sus grandes pasiones. Nos sorprende el cambio de temperatura en comparación con Bahía, aquí por las noches el termómetro baja a 10 grados, y necesitamos un edredón para cubrirnos.

Pasamos todo el día siguiente en el parque de Inhotim, que se encuentra a dos horas en coche por una carretera de curvas. El viaje hacia allá es más accidentado que cualquier dura travesía: primero vomita Heitor encima de su abuela, poco después lo hace Gina encima mío. Pero valdrá la pena: Inhotim es un increíble parque con la colección de palmeras más grande que jamás hayamos visto, y repleto de esculturas pertenecientes a variados artistas brasileños. Es como pasear en un pequeño paraíso de cuidada naturaleza repleto de sorpresas artísticas.

El fin de semana lo pasamos en Ouro Preto, la joya de las ciudades coloniales de este estado. Históricamente en esta ciudad se encontraron las minas de oro mas importantes del Nuevo Mundo. La fiebre del oro enriqueció la ciudad atrayendo a los arquitectos barrocos más importantes de la época convirtiendo el lugar en una piedra preciosa arquitectónica. Una parte del oro se enviaba a Portugal, hasta que en 1789 la “Inconfidencia mineira” fue el primer movimiento independentista en Brasil. Con 23 iglesias esparcidas a lo largo de empinadas y empedradas callejuelas y rodeada de montañas, las vistas son impresionantes.

Volvemos a la marina de Salvador con las pilas cargadas y desconectados de todo lo que implica vivir a bordo, pero contentos de volver a estar en casa. Tras algunos preparativos, cruzamos hacia Itaparica, donde mientras tanto en el fondeo se ha establecido una bonita comunidad de veleristas. Roy, un australiano que llegó aquí en barco, se casó con una brasileña y compró una casa con vistas a la bahía, nos invita a todo un grupo de navegantes a una barbacoa. Están Terry y Silke, nuestros amigos sudafricanos, está Gerard, un francés que se ha construido aquí en la isla su propio catamarán, Jimmy – americano que hace años navega solo, Brad, joyero inglés que hace 20 años navega en solitario y ya ha dado varias vueltas al mundo… tantas historias apasionantes reunidas en una simple terraza.

Llegan unos días más tarde Renata, Fabiano, Lina y Heitor al barco, que vienen a pasar el fin de semana con nosotros. Nunca habíamos sido tantos en el Mischief. En Salvador le encargamos a un carpintero una tabla de madera, que ahora servirá para que los ocho podamos comer cómodamente en la bañera. Heitor y Gina vuelven a reencontrarse, y juegan juntos de nuevo, esta vez con cubos y palas para la arena. Memorable es la paella que cenamos a bordo fondeados delante de la cachoeira al sur del canal de Itaparica. La animada charla bajo el estrellado cielo se hace interminable…

Llegará el momento de que ellos vuelvan a su casa, y nosotros sigamos navegando hacia el norte. Soplan entre 10 y 15 nudos del SE, así que parece que tenemos una buena ventana para avanzar rumbo a Maceio, a unas 250 millas de distancia. Este será nuestro próximo puerto de destino. Libertad nos acompaña.

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