Las calmas ecuatoriales

Esta noche es la verbena de San Juan, noche mágica también aquí en Brasil, y nosotros la pasaremos ya en pleno Atlántico. Hemos pasado unos tranquilos días en Fortaleza, recuperando el sueño atrasado, y disfrutando de las instalaciones de la marina. Gina y Tiswan se han hecho amigos, tanto jugar juntos en la piscina, y el abrazo de despedida entre los dos es tierno y emotivo. !Con qué facilidad se cogen cariño los bebes tan solo después de unos días! Hemos disfrutado de nuestra última moqueca, farofa, frijolada… y de la última “Schin” antes de nuestra partida, sentados en un precioso jardín con música brasileña en directo. Podríamos habernos quedado más tiempo aquí, pero sabiendo que tenemos más de 1600 millas por proa hasta llegar a Tobago, el mar ya nos llama: es hora de zarpar. Recorreremos toda la costa norte de Brasil, a una distancia de 100 millas, ya que es justo allí donde la corriente favorable es más fuerte por encontrarnos ya en aguas profundas. Se trata de una fuerte corriente atlántica de agua caliente de hasta 3 nudos, que incrementa la velocidad del Mischief. Las primeras 24h dejamos por popa 188 millas, record absoluto desde que navegamos con este barco. ero nos vamos acercando a la por todo navegante temida franja de calmas ecuatoriales, los famosos “doldrums”. Y, efectivamente, ya a partir del segundo día de travesía se cierne sobre nosotros una húmeda calma chicha, el viento desaparece por completo y nos veremos obligados a avanzar a motor los próximos tres días. Con cualquier leve subida del viento, desenrollamos génova y sacamos los rizos que tenemos puestos en la mayor – para que no esté dando bandazos incesantemente – y así poder dar un respiro al motor aunque sea por un rato. Pero estas leves brisas nunca duran lo suficiente.

El mar se va allanando, hasta tener la sensación de estar navegando en un gran espejo de aguas tranquilas, solo unas largas y espaciadas olas atlánticas nos mecen de vez en cuando por el través. Con el motor a 1000 revoluciones y 2 nudos de corriente a favor, el Mischief avanza cómodo a 7 nudos. Así la vida a bordo es sencilla: baños por popa, copiosas comidas en el cockpit, y Gina andando de un lado a otro sin caerse.

Y esta vez si, conseguimos pescar el codiciado dorado, que sorprendentemente viene acompañado de un atún. No sabremos nunca quien pico antes el anzuelo, pero nos gusta el “pack” que nos regala Neptuno! Sin embargo, en el momento de izarlos al barco, se libera el atún, y nos quedamos con “solamente” un enorme dorado de 15 kilos. Nos pasaremos los próximos tres días comiendo carpaccios, huevas y filetes de exquisito mahi mahi.. mmmh, hacía mucho tiempo que soñábamos con un buen pescado fresco!

El mar está tan tranquilo y transparente que un día vemos claramente cómo nos siguen tres dorados durante un buen rato, zigzageando en la popa del Mischief. Por suerte vamos bien servidos, y Jordi desiste de tirarse al mar con arpón en mano para cazarlos.

Para Gina los dos momentos del día más emocionantes son la salida y la puesta del sol. Sólo despertarse pide insistentemente que la suban al cockpit, para centrar su fija mirada en el horizonte, esperando que aparezca el gran astro solar. Ríe y aplaude entusiasmada cuando aparece la gran bola de fuego, como si estuviese viendo el mejor espectáculo del mundo. Lo mismo sucede cada anochecer, cuando por proa el sol se vuelve a hundir en el mar. Tanto navegar hacia el oeste hemos notado claramente que los días se van alargando y el sol se pone cada vez más tarde.

A 200 millas de la costa frente a la desembocadura del Amazonas vemos cómo el azul transparente del mar pasa a convertirse en agua de color marrón oscuro, hasta aquí llegan los sedimentos del río más grande del mundo.

Una mañana por fin nos visita una manada de delfines, que entusiasman a Gina observando desde la proa como saltan – con ella llevábamos ya días llamándolos desde cubierta sin éxito!

Otra actividad predilecta de la grumete es la de tirar objetos por la popa cuando se está bañando en un cubo dispuesto para ello. Así van desapareciendo peines, pelotas, juguetes y todo aquello que en un momento de distracción pilla entre las manos. Encantada va mirando cómo desaparecen los objetos en la lejanía, y ante la inminente reprimenda, excesivamente seria nos suelta unos monólogos interminables, cómo si en su propia lengua nos intentase convencer de lo importante que era que esos objetos acabaran en el fondo del mar.

Y llega el momento esperado: al tercer día por la tarde cruzamos el Ecuador; para Gina, Carla y para mí es la primera vez a vela. El GPS marca por algo más de un segundo la latitud de 00º 00º 00º, y eso es motivo suficiente para una buena celebración. Aprovechamos para lucir nuestros más festivos atuendos, y recitamos poemas para Eolo y Neptuno, ofreciéndoles chocolate y ron según dicta la tradición, mostrándoles así nuestro más sincero respeto, y solicitando a cambio algo de viento favorable!

¡Quizás no fuimos lo suficientemente respetuosos! A unas 200 millas de la Guayana Francesa, nos visita la “Inter Tropical Convergence Zone”, conocida también como ITCZ. Se trata de una banda que se mueve de este a oeste en los trópicos donde los sistemas meteorológicos del hemisferio norte y del hemisferio sur colisionan produciendo fuertes tormentas, lluvias torrenciales, rayos y truenos, casi siempre acompañados de poco viento y chubascos.

El cielo parece quererse desplomar encima nuestro, tal es la cantidad de agua que cae de él, que a estas alturas se ha cubierto de negros nubarrones. En el interior, con todas las escotillas cerradas, suben las temperaturas a desagradables niveles para la tripulación que no está de guardia. Pasamos la noche intentando esquivar los rayos y nubarrones, además de los barcos de pescadores, cuyas luces iluminan el oscuro horizonte.

Y por fin conseguimos contactar con Rafael del Castillo: “Mañana os soplarán de 15 a 20 nuditos del NE!” Y así será efectivamente: dejamos atrás la zona de convergencias, y nos ponemos por fin a navegar de ceñida. Que alegría, la navegación se hace más incómoda pero es lo que habíamos estado esperando tantos días!!

Durante la última noche, ya acercándonos a la costa de la Guayana Francesa, el mar que nos rodea se ilumina como por arte de magia. Parece como si las estrellas del cielo se reflejasen en la superficie del agua, e intermitentemente van parpadeando lucecitas por toda su extensión. En realidad y a causa de las fuertes corrientes, ha aparecido en la superficie una fascinante vida marina, que durante la oscuridad se transforma en un escaparate de bioluminiscencia. ¡Inesperados espectáculos que nos concede la naturaleza!

Justo seis días y 1035 millas después de nuestra partida de Fortaleza, avistamos Les Îles du Salut delante de la costa de la Guiana Francesa, más conocidas como las Islas de Papillon.

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4 pensamientos en “Las calmas ecuatoriales

  1. Holaaaa!!! Que be veure que ja esteu a la Guayana i que tot ha anat de conya. Em fa molta gràcia tot el que expliques de la Gina i m’el imagino ja com una popeye de primera (no com jo!)
    Espero que tingueu un molt bon estiu!!!!
    Ptns

    Esther

  2. Guauhhh aquest cop si que heu aconseguit pescar la bestia. jjeje. Com sempre molt bona crónica de les vostres peripecies i MOOOOOOOOOOOOOOOOOLTA enveixa

  3. guapa!!!
    ea la primera vegada que entro i llegeixo el vostre diari: t’ ho torno a dir, ets la meva heroina ja, ja !!!!
    esta molt gran i maquissima la gina. quin regal de vida li feu. em fa molta enveja i al mateix temps m’ ajuda a obrir horitzons.
    soc un desastre amb internet i aquets temes pero gracies per l’ estona tan emocionant que he pogut passar amb vosaltres llegint sobre el vostre viatge: ara que m’ llecat intentare repetir-ho sovint je, je!!
    moltes felicitats als tres, gracies de tot cor per realitzar i compartir la vostra experiencia i petonets de part de la lluna, el juan i meves!
    mua

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