Carreras de cabras en Buccoo

El pausado ritmo de vida de Tobago se nos va contagiando más y más cada día que pasa. Nos sorprende el pensar que llevamos ya más de dos semanas aquí, es agosto y esa sensación de estar en plenas “vacaciones” está muy presente, a falta de charters hemos decidido ir conociendo esta isla sin prisas pero sin pausas, pasando en cada una de sus bahías el tiempo necesario para conocerlas, tanto por encima como por debajo del mar. En el caso de Pigeon Point diría que mayoritariamente por debajo ;-)!

Nuestras expediciones a tierra y a los arrecifes se van alternando con nuestras rutinas de abordo. Se trata también de disfrutar de las gustosas comidas preparadas a diario por el capi, de leer libros y jugar con Gina, de pescar, de hacer snorkel, de nadar cada día una hora – cosa que en estas aguas tan claras es un auténtico placer. Pero también es tiempo de estar sentados simplemente en el cockpit, tiempo de pensar, de hacer espacio en el interior, de sentir los silencios, de oler el aire, de escuchar la naturaleza que nos envuelve, de dejar que el alma se exprese como más lo necesite, sin esquemas ni fronteras. El ilimitado mar que nos rodea a diario nos da espacio y libertad para ello.

Tras pasar una semana en Store Bay – perfecto lugar para bajar a tierra a comer un Roti o un Giros – y celebrar el cumpleaños de Silke, decidimos fondear solos en medio de Bucco Reef, lo que nos permite nadar hacia el arrecife desde el barco. Así – mientras uno se adentra en este bosque de corales de todos los tipos repleto de miles de peces, el otro se puede quedar en casa al cuidado de Gina.

Vemos decenas de enormes peces ángel, peces ballesta multicolores, peces trompeta amarillos, tortugas, loros, rayas moteadas, un tiburón …., algunos asustadizos meros que se esconden bajo las espectaculares formaciones de coral, y miles de pequeños pececitos que nos envuelven como un mantón cuando nadamos entre ellos. Que pena que Gina sea todavía demasiado pequeña para hacer snorkel, cómo disfrutaría del espectáculo submarino!!

Pigeon Point con sus cocoteros y playas blancas es el punto de partida para nuestras expediciones al Buccoo Reef, el arrecife que rodea unas enormes piscinas de aguas transparentes e intensamente turquesas.

Con Silke desde el kajak y nosotros desde el dinghi recorremos esta brillante extensión, el agua es tan azul que deslumbra. También nos perdemos en la bonita playa de No Man’s Land completamente solos a primera hora de la mañana.

Con Libertad continuamos dos millas más al norte hasta el pequeño pueblo de Buccoo. Fondeamos delante de este puerto de pescadores de pocas casas, pero donde se respira un ambiente muy caribeño, con sus pescadores musculados y rastafaris haciendo derrapar sus potentes lanchas al entrar en la bahía. Una pequeña fuente de agua en el muelle es punto de reunión para los niños del pueblo, los pescadores que limpian allí su pescado y Gina, que disfruta duchándose con la manguera.

Y llega por fin el domingo, el gran día del Heritage Festival, festival itinerante que pretende mantener vivas las ancestrales tradiciones de esta isla. Entre ellas la por nosotros más esperada: the “Goat Race”. En el único estadio para carreras de cabras que hay en la isla nos instalamos Terry, Silke, Jordi, Gina y yo, con una buena cerveza en la mano, ya que todo ayuda a combatir el sofocante calor que aprieta ya desde hace unos días. Y empieza el espectáculo: una docena de hombres corriendo tras sus cabras, que llevan atadas con unas correas para que no corran dando tumbos. ¡Nunca hubiese imaginado que estas cabras corriesen a tal velocidad! Nos pasamos toda la tarde viendo carreras, ocho en total – son muchas las cabras que quieren competir, cada una con su propio nombre, algunos tan originales como “Rambo II”, “The Gazelle” o “Vagina” ;-). Las carreras son cortas, pero muy emocionantes.

La fiesta continúa con una carrera internacional de cangrejos; atados con un hilo los competitivos propietarios los dirigen con un palo – no hay nada más difícil que hacer andar en línea recta a un cangrejo – mientras también corren detrás de ellos. Que divertido espectáculo, nos dan ganas de exportar la idea a otros lugares del mundo. Estos habitantes de Tobago saben cómo pasarlo bien, de eso no hay duda ;-)! Hasta las 4h de la mañana bailarán y beberán al son de la música caribeña. Nosotros nos retiramos mucho antes, pero hasta el barco llega el estrepitoso ruido de sus tambores.

En estas Gina cumple un año y medio, lo que celebramos en estricta intimidad con un pastel. La grumete tiene un nuevo hobby: tira por la borda todo lo que cae en sus manos, tenedores, vasos, juguetes, lápices.. pero también, gafas de sol de 100 euros y otros objetos valiosos. Se ha convertido en su obsesión, y ninguna reprimenda ni enfado la hacen cambiar de opinión. Si a alguien se le ocurre alguna idea para hacer que cese en su intento de vaciar el barco tirándolo todo al agua, que levante la voz! Quizás lo que la impulsa a ello es ver la reacción que ello provova: su padre o madre – el que esté en ese momento más cerca – saltando a toda prisa y vestidos por la borda para alcanzar el objeto antes de que toque el fondo, o saltando en el dinghi para desaparecer en la lejanía en busca del cachivache arrastrado por la corriente… Esperemos que sea una fase más en su desarrollo infantil.. o nos volveremos locos!!

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