Bird of Paradise Island

Estamos en época de lluvias, pero una vez cada 15 días parece que caiga un diluvio. Tantas horas dentro del barco al refugio de la lluvia, con mucha humedad y altas temperaturas bajo cubierta, nos impulsan a salir a pasear por la solitaria y salvaje playa de Englishman’s Bay bajo el torrencial aguado, rodeados de humeante vegetación. Hubiésemos disfrutado durante más tiempo de esta extraordinaria naturaleza, pero el fondeo es extremadamente incómodo, los barcos se mecen al vaivén de las olas y estamos cansados de tanto movimiento!! Así que, tras una espectacular puesta de sol, levamos anclas a la mañana siguiente y continuamos nuestra ruta hasta la gran y protegida Man of War Bay, al fondo de la cual se encuentra el pueblo de Charlotteville.

En todo Tobago no habíamos visto todavía tantos veleros fondeados en el mismo lugar, unos 20 barcos están anclados delante de Pirate’s Bay. Aquí nos encontramos con toda la comunidad francesa, sorprendente porque en toda la isla no nos hemos cruzado todavía con ningún barco francés. Dicen que vienen aquí, porque – aunque quieran – es imposible gastarse dinero. El punto de encuentro de los veleristas es la biblioteca del pueblo, que tiene wifi gratuito.. y un montón de libros para niños con los que tenemos a Gina bien entretenida.

En Charlotteville no hay ni una tienda para comprar productos frescos, así que el propietario del restaurante donde comemos un filete de atún, nos asegura que en el pueblo de Speyside encontraremos fruta y verdura, y que solamente está a unos 20 minutos andando al otro lado de la montaña. Así que con Mario y Alessandra decidimos iniciar el ascenso al otro valle. Una inacabable y empinada subida parece no querer acabar nunca.. y tras una hora y media de marcha llegamos finalmente agotados al pueblo de Speyside, donde encontramos una pequeña tiendecita que tiene de todo, sobre todo unos enormes y sabrosísimos aguacates. ¡Ha valido la pena el esfuerzo!

Y nos pica el gusanillo de las caminatas, así que al día siguiente iniciamos una nueva excursión – esta durará algo más de dos horas – bordeando la enorme bahía. El camino es precioso por estar rodeado de espesa vegetación y cañas de bambú, que crecen salvajes por todas partes. Las vistas, espectaculares. Y la parada en la fuente, obligada. Gina se sumerge bajo el chorro de agua y no querrá continuar hasta pasada una buena media hora. De vuelta nosotros decidimos parar un coche, ya que cargamos con Gina en la mochila – que pesa bastante más que hace seis meses 😉 – y estamos algo más cansados que los italianos, que vuelven a pie.

Una vez por semana nos invitan a bordo del Golden Argosy a cenar, Alessandra – como auténtica italiana – prepara unas pizzas buenísimas. Y cada dos días se vienen al Mischief a tomarse unas refrescantes caipirinhas; nos trajimos de Brasil seis botellas de Cachaça, y siempre tenemos en la nevera un par de kilos de limas preparadas. Una buena manera de revivir la beleza brasileña en buena compañía.

Y volvemos a ponernos en marcha, esta vez bordeamos la punta más al noreste de Tobago, avanzando a motor frente a una costa escarpada y rocosa. Hay varias rocas sumergidas en esta zona, y con cuidado vamos sorteándolas hasta llegar al sotavento de Little Tobago, una pequeña isla deshabitada justo delante de Anse Bateau, bahía donde pasaremos esta próxima semana. El lugar es idílico, tranquilo, de nuevo solamente nuestros dos barcos fondeados en la bahía. En la playa se encuentra el acogedor hotel Blue Water Inn, que nos permiten utilizar sus instalaciones y piscina, lo que hace especialmente feliz a Gina.

Es ineludible la visita a Little Tobago, llamada también Bird of Paradise Island. En 1909 Sir William Ingram introdujo en la isla los Pájaros del Paraíso originarios de Nueva Guinea, que por aquel entonces estaban en peligro de extinción por ser muy buscadas sus espectaculares plumas. En 1963 el Huracán Flora destrozó la isla y arrasó con todos los pájaros, que estaban enjaulados y no pudieron huir. Sin embargo hoy en día Little Tobago sigue siendo el santuario de pájaros más importante del Caribe, con más de 250 distintas especies anidando aquí cada año.

Contratamos un guía para mostrarnos la isla, y embarcamos al enorme Kevin en nuestro dinghi, mientras Alessandra y Mario cruzan el canal en su propio anexo. El paseo por los entresijados caminos que cruzan la isla es muy interesante, Kevin tiene mucho que explicar y nos va mostrando los distintos pájaros, ya sea visual o acústicamente, ya que se conoce y repite todos y cada uno de sus cantos.

De vuelta a la bahía nos cruzamos con una lancha de pescadores amigos de Kevin, y prometen pasarse por nuestro barco más tarde con la captura del día. Nos venden un enorme pez ballesta, pez que hemos visto a menudo haciendo snorkel pero no hemos comido nunca. Después de una ardua tarea por parte del pescador arrancándole la gruesa piel, acaba directamente en la paella: es delicioso!!

La costa este de la isla es conocida por sus fantásticos arrecifes, y por la calidad de sus inmersiones. Así que mientras Jordi generosamente se queda jugando con Gina en la playa, yo me embarco en la motora que nos llevará al otro lado de Little Tobago, para hacer una de las más bonitas inmersiones, llamada Coral Garden. Se trata de un “drift dive”, por lo que lo único que tenemos que hacer es dejarnos llevar por la corriente sorteando los fantásticos corales y las esponjas de colores que nos vamos encontrando en el camino, parece que estemos rodeados de un bosque mágico y multicolor. Vemos varias morenas verdes enormes, que abren desafiantes su dentadas bocas, rayas sobrevolando la arena, todos los peces de arrecife que ya hemos visto haciendo snorkel, pero esta vez desde más cerca y durante más tiempo. Y llegamos al que consideran el brain coral más grande del Caribe, y el segundo más grande del mundo. Este colosal coral tiene en un lado una grieta, y vemos como dentro duerme plácidamente un tiburón nodriza de unos cuatro metros. Ninguno de nosotros se anima a despertarlo! 😉 Había olvidado lo espectacular que es el submarinismo, y con Jordi decidimos empezar a disfrutar de él más a menudo, siempre y cuando encontremos a algún voluntario que mientras tanto quiera divertirse “todavía más” en compañía de Gina.

Y continúan las ya habituales pérdidas a bordo: no encontramos las gafas de sol de Jordi. Dos días más tarde se le ocurre bucear alrededor del barco, y efectivamente las encuentra en el fondo del mar. ¡¡Allí es donde buscaremos todos los objetos perdidos a partir de ahora!!

La vuelta a Store Bay coincide con la partida de Golden Argosy a Trinidad, se nos van de nuevo los amigos,.. pero ya quedan pocos días para la llegada de Mary Jo desde Barcelona.

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