Fin de Temporada

En los viajes siempre llega el momento de dejar atrás un lugar conocido para adentrarse en una nueva aventura, cambiar de escenario para descubrir nuevos horizontes. Para el Mischief ha llegado el momento de salir del agua, y tenemos una larga lista de reparaciones pendientes por hacer a bordo. Es este el momento que la tripulación aprovecha para volver a sus orígenes, visitar a la familia y volver a sumergirse en la vida urbana.

Pero antes de esta vuelta a la civilización pasamos las últimas dos semanas en nuestra estimada isla caribeña de Tobago, esta vez en compañía de Mary Jo. Tenemos ganas de compartir con ella los lugares especiales, los rincones mágicos de esta isla que ya tan bien conocemos. Mary llega sin maleta – perdida en alguno de los cambios de avión – pero con la risa fácil, y no pasan más de 24 horas que ya tenemos a bordo el equipaje extraviado y podemos zarpar rumbo a Castara, nuestra bahía mas preciada. Hacemos todo aquello que nos apetece, exprimiendo el aquí y el ahora en todo momento . Las mujeres se dedican en la playa a recolectar conchas y piedras, que acabarán mucho más tarde montadas en originales anillos creativos. Mientras tanto Jordi caza langostas y prepara sus suculentos arroces. Comemos un pan extraordinario sacado del único horno de barro autóctono que hay en la isla, observamos cómo los colibrís sacían su sed moviendo las alas a velocidades vertiginosas, hacemos excursiones que acaban siendo visitas guiadas en coche, siempre gracias a algún simpático habitante de la isla, y hacemos muchas e interminables horas de snorkel, alucinados con todo lo que se mueve bajo estas tranquilas aguas caribeñas.

El encuentro submarino más extraordinario aparece súbitamente, sin previo aviso. Delante nuestro se acerca lentamente una gran mancha oscura, que se dirige directamente hacia nosotros. Se nos acelera el corazón y se dilatan las pupilas de los ojos al ver una gran manta surcar las aguas tranquilamente y pasar justo por debajo nuestro. Para mí es el primer encuentro frontal con una manta, y decido seguirla en su camino. Me paso diez minutos nadando encima de ella, a veces me acerco por el lado y siento que me observa, pero no tiene miedo y me deja acompañarla por encima de rocas y arrecifes. Son unos momentos inolvidables, casi místicos, y se me escapa una lágrima cuando – quizás ya cansada de mi compañía – hace un movimiento más brusco y desaparece en la lejanía.

Queremos visitar las entrañas de Tobago, y decidimos alquilar un coche, que por serpenteantes carreteras nos lleva a atravesar pueblecitos y conocer sus cascadas y bosques de cacao. Pero llega el momento de dejar atrás la isla y las 60 millas que separan Tobago de su hermana grande, Trinidad. La travesía – divertida y mojada, con chubascos aislados descargando agua encima nuestro de vez en cuando. Decidimos fondear en la La Vache Bay, una asombrosa bahía rodeada de frondosa vegetación al norte de Trinidad. Estamos solos e impresiona lo salvaje de estos parajes. Nadamos hasta la pequeña playa rodeada de jungla, un águila sobrevuela la zona. Al día siguiente toca una excursión a remo por la bahía, acabamos duchados bajo una cascada de agua que cae sobre el mar.

Bordeamos la isla hasta llegar a Scotsman’s Bay, y allí vemos fondeado al Ocean Maiden, el Bavaria 36 que se ha comprado Silke, nuestra amiga sudafricana. Qué sorpresa verla salir a cubierta, esta vez como estrenada armadora y navegante solitaria. Valiente mujer que cuando se le tuercen los planes sabe renacer de sus cenizas, y continuar su odisea a bordo de un nuevo velero y sola!!

Compartiremos con ella esta última tarde, ya que a la mañana siguiente ya entramos en Chaguaramas, lugar donde – en temporada de huracanes – acaba “hibernando” y saliendo del agua una gran parte de la flota de veleros que navegan por el Caribe. Cientos y cientos de mástiles cubren el horizonte de esta enorme bahía natural, donde se han quedado abandonados a lo largo del tiempo remolcadores, mercantes y barcos de todo tipo.

Aquí también llega el momento de despedirnos de Mary, que vuelve a Barcelona. Gina y yo la seguiremos dentro de un par de días, ya que vivir a bordo en dique seco es muy duro, teniendo que soportar además en esta época del año unas muy altas temperaturas y mucha humedad.

Qué emoción al ver salir a nuestro Mischief del agua, aquí en tierra se pasará los próximos dos meses, mientras Jordi trabaja duro y lo pone a punto para la temporada que viene!! Dentro de un mes se reunirá con nosotras en Barcelona, para ver a familia y amigos y dejarnos llevar por el ritmo – algo más frenético – de la ciudad.

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