Por fin…. Cartagena de Indias!!

Todavía no hemos llegado, pero ya la veo en sueños: la ciudad más colonial del Caribe! Estamos a unas 12 horas de la ansiada llegada, en plena noche sin luna. Nos acaba de pasar rozando un mercante por babor, a menos de media milla, lo hemos llamado por radio pero no ha habido respuesta. Impresionante lo grande que se veía!

Con la ayuda del paso del tiempo todo se ve desde una perspectiva más afable, se resalta lo positivo dándole menos importancia al desánimo. Se relata en frío, sin la carga emocional del momento. Pero la decepción vivida hace un par de horas sigue todavía dando guerra.

Nuestra intención era la de entrar en la bahía de Santa Marta, a unas 100 millas al norte de Cartagena de Indias, por encontrarse allí una nueva y cómoda marina, donde queríamos descansar y visitar la bonita ciudad. Todo iba según plan, llegábamos a Santa Marta de noche después de recorrer 400 millas en tres días y dos noches. Hemos tenido suerte con esta travesía de Curaçao a Colombia: aunque la mar ha levantado olas por el través y ha estado revuelta, no ha subido el viento a más de 20 nudos, lo que ha facilitado mucho el paso por la península de la Guajira.

Pero estamos muy cansados y ansiábamos el poder entrar en puerto seguro sin tener que pasar otra noche en vela. Navegar mano a mano con Jordi no es navegar en solitario, pero el hecho de tener a Gina entre nosotros hace que los momentos de descanso durante el día se reduzcan prácticamente a un par de horas – que coinciden con su siesta – ya que el resto del día ella acapara actividades y energía. Así que nuestro descanso se centra en las noches, dependiendo de la cantidad de veces que se despierta Gina cada noche. Esta vez no hemos conseguimos dormir más de tres o cuatro horas, ya que la grumete tiene fiebre y mucha tos, y duerme apenas un par de horas seguidas. Nosotros vamos alternando las guardias de Gina con las guardias del barco, y no es posible mantener este ritmo durante mucho tiempo.

Como decía.. todo va sobre plan. Son las 12 de la noche y nos estamos acercando tranquilamente a tierra, para dejar los cinco cabos que anteceden a la ciudad de Santa Marta por babor. Pero llegando a la zona de profundidades inferiores a los 100 metros y ya cerca de las montañas, sin previo aviso empiezan a soplar 35 nudos de popa, y se levantan unas olas espectaculares, enormes paredes de agua que rompen sobre la cubierta del Mischief. No damos crédito a lo que vemos. El barco se ve zarandeado de un lado a otro, alguna ola nos da por el través y Mischief escora bruscamente hacia babor.. Imposible no correr con el oleaje, que nos empuja mar adentro, impidiendo el acceso a la bahía de Santa Marta. Pero no hay ningún temporal a la vista: son los vientos acanalados que bajan de las altas montañas los que levantan esta mar tan fea y revuelta, y que dificultan el acercamiento a tierra. No titubeamos ni un momento: no podemos aproarnos a las olas ni podemos fondear de noche con estas condiciones marítimas, así que decidimos afrontar las 100 millas que nos quedan hasta llegar a Cartagena. La ansiada noche de descanso tendrá que esperar 12 horas más. Efectivamente al separarnos de la costa lo suficiente y volver a entrar en zonas profundas, desaparece el maremoto y vuelven a bajar el viento.

Una vez más se hace latente que a bordo de un velero se está constantemente expuesto al aquí y al ahora, y según sopla el viento se van haciendo y deshaciendo los planes. Y siempre volvemos a constatar que el cuerpo aguanta lo que le echen!! 😉

Y un día más tarde vislumbramos el impresionante skyline de Cartagena, con tantos rascacielos parece que nos acerquemos a Miami. La entrada a esta ciudad es espectacular: el Mischief pasa entre las dos boyas de Boca Grande, una abertura en la enorme muralla sumergida que rodea la ciudad, que fue construida por los españoles en el siglo XVI para protegerse de los ataques piratas.

Fondeados ya en la enorme bahía de Cartagena – rodeados de las luces de los rascacielos brillando como árboles de Navidad – y para celebrar el ansiado momento, preparamos unos “huevos estrellados”, brindamos con una botella de vino y caemos en un profundo sueño!

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