Kuna Yala

Las 200 millas que separan Cartagena de Indias de las Islas de San Blas en Panamá representarán para nosotros la última travesía en este año 2013, en el que hemos recorrido más de 8000. Tenemos ganas de llegar al archipiélago y quedarnos allá por un buen tiempo, intentando ser menos nómadas en el 2014.

No resultan fáciles estas últimas millas: soplan de 15 a 20 nudos por la aleta, pero se levanta una gran ola atlántica por el través, que hace que Mischief escore a intervalos regulares durante todo el trayecto. Nuestros amigos colombianos hacen lo mejor que se puede hacer en esta situación: adoptar la posición horizontal y dejarse mecer por el vaivén de las olas, dormitando durante todo el día y durmiendo por la noche. Alejo y Luisa tienen además que lidiar con el mareo, así que creo que todos respiramos aliviados cuando un día y medio después de nuestro zarpe avistamos tierra: Panamá!

Llegamos justo a tiempo antes de ponerse el sol: es imprescindible entrar en los cayos de Kuna Yala con mucha luz, ya que está todo la zona repleta de arrecifes. Aquí no son fiables ni plotter ni Navionics, solamente se puede avanzar mediante el “eye-ball navigation”, es decir, navegar detectando los arrecifes con la vista.

A estos arrecifes se debe la enorme belleza de este archipiélago: rodean las pequeñas islas repletas de cocoteros y crean lagunas de aguas turquesas y de poca profundidad, de calmadas aguas creando perfectos lugares de fondeo. En el horizonte siempre se observan y se escuchan las enormes olas del Atlántico batir contra los arrecifes, transmitiéndonos una agradable sensación de paz y seguridad.

Entramos así en la laguna de los Cayos Holandeses y fondeamos en el lugar que nos ha recomendado nuestro amigo Sergio, que también está navegando por estas islas. A la mañana siguiente bajamos con el dinghi a Isla Tortuga, una preciosa isla repleta de palmeras y paradisíacas playas blancas, en el centro dos cabañas típicas de los indios kuna, donde vive la familia de Aniel. Nos reciben calurosamente y nos enseñan el lugar. Pasamos horas con ellos, aquí hay mucho que hacer: mecerse en las hamacas colgadas entre los árboles, hacer snorkel alrededor de la isla, jugar al dominó en una enorme mesa junto a la playa, beber cocos… y Gina ya se ha hecho amiga del hijo de Aniel y juega con él a enterrarse en la arena.

Nos agrada tanto el lugar que decidimos quedarnos un día más. La familia kuna se ofrece a prepararnos un pescado para comer en la playa bajo los cocoteros, lugar ideal para probar el plato tradicional kuna que se come en todas las islas: pescado ahumado con cáscaras de coco, acompañado de frijoles y arroz de coco. El pescado está hecho con cariño en la cabaña de Aniel, pero es seco como un trozo de cuero, aunque gustoso. Nos prometen traernos unos pulpos, pero seguidamente nos piden que les traigamos lejía. Jordi sabe para qué la quieren, ya que en Venezuela vio como sacaban los pulpos allá. El proceso es simple: se llena una jeringuilla de lejía, y se inyecta en el agujero delante del cual se acumula un montoncito de conchas muertas. El pulpo sale escopeteado y estresadísimo del agujero, momento que aprovechan para clavarle un gancho. Resulta que nuestra lejía comprada en Trinidad y Tobago es demasiado suave para estos pulpos panameños, y no salen del agujero. Así que a cambio nos venden un cubo lleno de pescado. Tras despedirnos continúa nuestra ruta hasta la zona oeste de Cayos Holandeses y fondeamos delante de la isla Waisaladup. Julio y a su esposa – propietarios de la isla – quedan encantados con la botella de Raki turco que les regalamos. También allí Gina hace enseguida amigos entre los niños del pueblo, que le regalan una típica pulsera kuna de perlitas. En la playa coincidimos por primera vez con Judit y Marc de Barcelona, que hace ya más de tres años navegan a bordo de su velero Ju por estas aguas acompañados de su perra Trufa y el pequeño Aleix, de un año y dos meses. Qué bueno saber de otros navegantes en familia por estas latitudes. Vale la pena conocer su historia y echarle un vistazo a su blog Ciudadanos del Mar.

Llegamos a Chichimé, donde queremos pasar la noche de Navidad. El aprovisionamiento en estas islas no es nada sencillo, no son fáciles de encontrar los productos frescos como la fruta y la verdura ya que no hay tiendas, pero sí abundan los pescadores vendiendo pescado y langostas. En sus austeros kayukos – aquí llamados ulus – vienen hacia el barco siempre cargados con algún suculento manjar.

El día de Noche Vieja se acerca una de estas tradicionales barcas al Mischief: “Tengo langostas, cuatro por ocho dólares!” Jordi saca un billete de 10 dólares, y como el simpático pescador no tiene cambio, decide “Por dos dolares más te doy las últimas cuatro langostas que tengo!” Así que nos sale la comida de Navidad a un dolar la langosta! Sorprendente paradoja: pagamos lo mismo por una langosta que por un coco en el país de los kunas.

Pasamos una inolvidable atardecer sumergidos en las calientes aguas caribeñas tomando cocos locos y riendo con Alejo y la familia Allers. La cena de nochevieja es espectacular: Jordi nos ha preparado un carpaccio de langosta y de segundo un pescado al horno. Vino y alegría endulzan la comida. El día de Navidad amanece con muchas expectativas por parte de Gina. Son sus segundas Navidades, sabe que en algún lugar del barco han aparecido esta noche regalos para ella y para el resto de la tripulación. Después de dar una vuelta por el barco, descubre encima del siestódromo de popa decenas de regalos, que va abriendo uno tras otro. Está exultante de alegría, sobre todo cuando aparece un carrito para su muñeca, con el que a trompicones recorre la cubierta del Mischief.

Tras comprar Alejo una enorme bolsa de riquísimo pan hecho por los kunas, zarpamos rumbo a los Cayos Limón, donde fondeamos delante de la Isla Elefante. Pasaremos el resto del día de Navidad relajados a bordo, charlando y disfrutando del dolce far niente. Se acaba nuestra primera semana en Kuna Yala en compañía de nuestros amigos colombianos. Alegres, risueños, conversadores, divertidos…. los echaremos de menos, sobre todo Gina, que se ha hecho gran amiga de cada uno de ellos. Sus cariñosas personalidades nos han seducido a todos y esperamos poder verlos pronto cuando volvamos a Colombia. En la isla del Porvenir se embarcarán en una panga que los transportará hasta la isla de Cartí, donde podrán coger un 4×4 hasta Panamá City.

Para nosotros tres que nos quedamos atrás… esto sólo ha hecho que empezar!!! 😉

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Un pensamiento en “Kuna Yala

  1. Ah! Que maravillosa experiencia navegar por San Blas a bordo del Mischief. Sois un encanto! (y Jordi mejor cocinero) La combinación es un “completo” para los sentidos.
    A vela de isla en isla; los Cayos Holandeses, Coco Bandero, Banedub. y tantos otros lugares de la zona Guna Yala. Un escándalo de colores, cocoteros, arena blanca, arrecifes… La naturaleza y costumbres ancestrales de los Indios Guna, celosos de sus tradiciones y su cultura, se mantienen aquí impasibles. Esto es auténtico! Es el Caribe más auténtico!
    Gracias chic@s 😉

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