La comunidad kuna

En compañía de Andrés y de Sofía recorremos durante una semana otras islas – intentando poco a poco abarcar este fascinante territorio de Kuna Yala, tras la cual se desembarcan Cris y Gina del Mischief para poner rumbo a Panama City, donde se instalarán durante cinco días en casa de Oscar y de Made. Mientras tanto Jordi da la bienvenida a bordo a cuatro holandeses que quieren pasar unos días navegando por las Islas de San Blas.

Una panga (lancha) nos recoge y en 20 minutos nos desembarca en Cartí, donde nos espera un todoterreno que durante dos horas y media cruzará la selva tropical hasta llegar a Panama City. Gina acabará vomitando porque la carretera parece una montaña rusa de tantas curvas y tanto desnivel. Se trata de la única carretera que une el archipiélago de San Blas con la capital, aunque también existen en el territorio Kuna Yala varias pistas de aterrizaje para las avionetas que despegan a diario del aeropuerto doméstico de Panamá City.

Entrando en la ciudad vemos enseguida que es caótica en cuanto al tráfico, pero me emociono al divisar por primera vez el Mar Pacífico, plagado de mercantes esperando su turno para cruzar el concurrido Canal de Panamá. Decenas de rascacielos cubren el horizonte a lo largo de todo el paseo, nosotros nos quedamos en un centro comercial para hacer allá las primeras compras. Suerte tenemos de Oscar, que nos recoge por la tarde, y que será un verdadero cicerone durante estos próximos días. Con él recorreremos la ciudad y nos acompañará a las tiendas más distantes. Pero sobre todo y junto a Made nos harán sentir como en casa en su cómodo apartamento. Los días pasan volando y sin darnos cuenta ya es hora de volver al Mischief, esta vez cargados hasta los topes de comida – todo aquello que no se puede comprar en las islas: carne, quesos, embutidos, mermelada, galletas… – y todos aquellos cachivaches que vamos a necesitar estos próximos meses. También hemos comprado una tarjeta de internet para nuestro PC, con la que podremos a partir de ahora comunicarnos desde el barco allá donde tengamos cobertura.

Una vez reunidos de nuevo los tres a bordo decidimos desviarnos un poco de la ruta más transitada dentro del archipiélago de San Blas, y dirigirnos hacia el grupo de islas llamadas Robeson, cercanas a la costa oeste del territorio. Seguramente esta zona está menos frecuentada por no ser sus aguas tan turquesas ni tener sus islas tantas palmeras, pero es aquí donde viven las comunidades kuna de forma más autóctona, más apartadas del circuito turístico.

Coincidimos en la isla de Tupsuit con la llegada de un grupo de sailas que vienen de otras islas a reunirse en el Congreso. En cada poblado hay tres sailas (jefes) que representan a la autoridad. Tres Caciques o altos jefes regulan el país de los kunas a nivel nacional. Los sailas son mucho más que líderes políticos, también son los responsables de mantener viva la espiritualidad, la poesía, los conocimientos medicinales y la historia del pueblo kuna.

El territorio de Kuna Yala se compone de más de 340 islas a lo largo de la costa panameña, zona de navegación de una belleza extrema, y de una franja costera de selva tropical completamente virgen.

Los kunas son hospitalarios con los visitantes, pero a los miembros de sus tribus no les es permitido casarse con extranjeros, a los que les es prohibido asentarse permanentemente en su territorio o hacer cualquier tipo de negocio en sus tierras. Esa es la razón por la cual el paisaje se mantiene tan virgen como cuando llegó Vasco Núñez de Balboa por primera vez en el siglo XV.

Físicamente los kunas son de muy baja estatura, solamente los pigmeos son más pequeños que ellos. Son muy pacíficos y no existe la criminalidad en sus tierras.

Las mujeres lucen sus vestimentas tradicionales: coloridas blusas bordadas con molas y faldas estampadas, cubriendo sus brazos y piernas con pulseras de perlitas y atravesando un aro dorado su nariz.

Las islas más pobladas rebosan de niños, entre ellos siempre varios albinos, resultado de casarse los kunas entre ellos a lo largo de cientos de años. En Tupsuit hay una escuela, y Gina es invitada a participar en alguna clase. La profesora enseña a los niños los bailes tradicionales kuna y a tocar instrumentos construidos por ellos mismos. Gina se pasa el día corriendo por toda la isla con un grupo de 15 niños corriendo detrás de ella, se nota que es una novedad en la isla. Resultado: cae agotada cada noche a la hora de ir a dormir.

Hoy es día de fiesta, han llegado los sailas a la isla, y los niños representan sus danzas como bienvenida. Luego se pasan horas discutiendo sobre temas varios en el edificio del Congreso, por la noche se reúne allí todo el pueblo, mientras los sailas, echados en hamacas, cantan canciones que hablan del pasado y las tradiciones kunas. Somos bienvenidos, y estamos un rato escuchando hasta que ya a oscuras decidimos recuperar a Gina – que sigue corriendo – y volver al barco. La luna llena nos acompaña y han dejado de soplar los alisios, la calma es absoluta a bordo.

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