Historias del Mar IV

Una historia de amor

Estamos desde hace días ya fondeados en un lugar excepcional, Green Island o Kanlildup, isla deshabitada y rodeada de turquesas aguas. Una mañana aparece en el horizonte un ulu navegando a vela, a bordo una pareja kuna que desembarca en la isla y se instala en la pequeña choza allí ubicada. Los kunas utilizan el ulu como medio de desplazamiento entre las islas. Es una sencilla piragua contruida en una sola pieza de un tronco de árbol. Escogen el árbol apropiado y le pagan por él 50 balboas al saila correspondiente. Entre varios hombres se pasan días talando y ahuecándolo. Finalmente le colocan un palo en el centro, en el que izarán una vela hecha de trozos de telas unidos entre si, para atravesar a vela los canales que separan las islas, donde el mar muy a menudo está agitado y movido.

Pero volvamos a nuestra pareja protagonista: Prisciliano y Adelaida llevan a bordo todo lo necesario para poder sobrevivir varios días en la isla: una cazuela, una sartén, dos bidones de agua, una brújula, un machete, cerillas, un teléfono móvil y un gran cubo lleno de molas, además de hilo y aguja con los que ella se pasa día y noche cosiendo. Se dedican ya desde hace más de 20 años a la venta ambulante de molas, recorriendo todas las islas de Kuna Yala y mostrando sus molas a los barcos fondeados. Los dos tienen alma de aventurero, sienten amor por el mar y esta forma de vida. En sus propias palabras: “Somos como Adan y Eva, felices y enamorados vivimos en el paraíso rodeados de la más pura naturaleza.”

En los días de mucha niebla, cuando la costa panameña desaparece de la vista, Prisciliano se orienta con su brújula para encontrar de nuevo su pueblo natal: Isla Máquina. A ella vuelven periódicamente para reunirse con sus hijas, que también son creadoras de molas. Las molas son tejidos confeccionados con al menos cinco capas de variados colores, cosidos en un orden preciso y que al final representarán formas geométricas o figurativas multicolores. Para coser una mola pueden pasarse las mujeres kuna desde varias horas hasta meses, dependiendo de lo complejo del diseño.

Adelaida se pasará en Green Island varios días y noches cosiendo dos molas encima de una vieja falda que yo ya tenía en desuso, y creando una obra de arte echa a mano. Contentos con la venta de las molas izarán al fin sus velas para dirigirse hacia una nueva isla donde quedarse unos días.

Así de sencilla y creativa es la vida de estas gentes, los habitantes del paraíso de San Blas. Y que bueno poder llevar alrededor de mis caderas un trocito de su amor y arte!

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