La Carabela Portuguesa

Gina corre detrás de mí en el agua poco profunda de la playa de Salardup, estamos las dos solas a barlovento de la isla. De repente un grito desgarrador resuena en toda la bahía, Gina grita como no lo había oído antes, un grito desconocido, desesperado, de dolor intenso, un grito que me estremece y que no conseguiré olvidar. Me doy media vuelta, y veo como una Carabela Portuguesa se ha acercado a ella y con sus largos tentáculos ha rodeado sus piernas.

Las carabelas portuguesas son sifonóforos, una colonia de organismos que se asocian para sobrevivir. Recibe su nombre común del pólipo superior, una especie de vejiga llena de gas, que puede llegar a sobresalir 15 centímetros por encima de la superficie del agua y que de alguna manera se asemeja a un buque de guerra portugués del siglo XVI. Estos organismos tienen la labor de navegar. Los tentáculos, largos y delgados que pueden llegar a los 50 metros de longitud, están cubiertos de nematocistos cargados de veneno y son utilizados para paralizar y matar a los peces y otras criaturas pequeñas de las que se alimentan.

Para los humanos la picadura de una carabela portuguesa es muy dolorosa pero rara vez mortal. Se mueven a la deriva – a través de corrientes o gracias al viento – ya que no cuentan con medios propios de propulsión.

Por suerte Gina lleva un traje de neopreno que le cubre media pierna; la parte inferior está ahora cubierta por los tentáculos. Intento separar la Carabela de la peque, pero me quedo en la mano con la vejiga de un intenso color violeta, que se ha separado de los tentáculos. No se me ocurre otra cosa que unirme a sus gritos y correr con ella en brazos por la playa pidiendo auxilio. Algunos de los tentáculos me rozan el muslo y me queman, lo que me permite sentir – aunque sea en un grado inferior – el tipo de dolor que está ella sufriendo.

Lalo, propietario de la isla, viene a nuestro encuentro, le restriega las piernas con arena para quitarle los tentáculos allí enganchados, luego coge un cubo de agua salada y con jabón le acaba eliminando todas las partículas. Por suerte Jordi, que estaba en el barco y que ha oído los gritos, ha sido rápido en saltar al dinghi, ver lo que pasa y volver con una botella de vinagre blanco. Empapamos un trapo con el vinagre y envolvemos con él las piernas de Gina, que en todo este tiempo no ha dejado de gritar. Eso parece calmarla un poco. Este vinagre será decisivo para aplacar el dolor de las picadas.

En el caso de ser alérgico al veneno de las células urticantes, la picada de la carabela portuguesa puede causarle la muerte a un niño, así que el conductor de una panga allí atracada se ofrece para llevarnos al hospital de Rio Sidra. En 10 minutos llegamos, cruzamos el pueblo andando y en el hospital le inyectan a Gina un antiestamínico y un antiinflamatorio. Tiembla en todo el cuerpo, está agotada, y no protesta cuando le ponen la inyección.

Ha pasado ya una semana desde entonces, y Gina se baña tranquilamente por la popa del barco, pero continúa temerosa a la hora de entrar al mar desde la playa. Mira a su alrededor como buscando algo, se moja los pies y apresuradamente sale del agua. A veces se queda pensativa y repite “Ahora ya todo está bien”, ya cuenta que le ha picado una medusa, pero todavía está intentando entender lo que le hizo tanto daño.

Hay personas y niños que viven en Kuna Yala desde hace muchos años, y nunca les ha picado nunca una Carabela Portuguesa! No suele tocarte la lotería más de una vez en la vida… esperamos que así sea para Gina.

 

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6 pensamientos en “La Carabela Portuguesa

    • Si, que susto, verdad? Ahora vamos con algo más de cuidado! De todo se aprende! Por cierto, Oli, sabes que Dani y su familia están a punto de llegar a Baja en su catamarán? Os tenéis que ver….

  1. Ostras Cris, nosaltres sempre hem pensat que aquestes eren mortals i quan he vist el títol del post…. quin susto! M’alegro que ja estigui be i que no li agafi molta por a les meduses, tot i que imagino que haurà de passar un temps. Menuda experiència :-S

    • Si, durilla la experiencia!! Però genial veure com es cura de rápid, i poc a poc va tornant agafant-li el gust a la platja! Important per els papis navegants: portar vinagre blanc al barco, i posar-li un trajo complert als nens! 😉 Petons als quatre, Celia!!!

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