Historias de Kuna Yala

La comunidad de cruceristas de Kuna Yala va menguando o aumentando según la época del año. Durante los meses de diciembre a marzo se disfruta aquí de la temporada alta, temperaturas ideales y cielos de un azul intenso. Durante estos meses se reúnen aquí unos 200 veleros dispersos en las mas de 360 islas de este paraíso. Pero llegado el mes de abril los barcos van desapareciendo lentamente, la mayoría porque deciden cruzar el Canal de Panamá rumbo al Pacífico, los demás porque se aproxima la época de lluvias y prefieren dejar el barco en dique seco o marchar a lugares más secos.

Los encuentros con otros veleros pueden ser fugaces, otras veces se alargan semanas o a veces hasta meses. Una cosa es bien sabida: llegará el momento de la despedida, y con suerte del futuro reencuentro.Cada velero tiene una historia que contar, de una gran intensidad vital, porque sus tripulantes han tenido que dejar atrás a familia y amigos para ir en busca de sus sueños, para saciar su ansia de aventura, o para simplemente buscar nuevos horizontes.

Como ahora hay pocos barcos en la Kuna Yala, es fácil entrar en contacto con los veleros que están fondeados a nuestro lado, y siempre hay una excusa para reunirse, como en las “quemas de basura colectivas” en la isla al ponerse el sol, donde se reúnen los navegantes alrededor de un gran fuego, con cerveza en mano y ganas de contar historias del mar.

Entre los veleros que llevan años recorriendo estas islas, está Gabrielle a bordo de su ketch, un italiano de unos 70 años, que navega en solitario. Toca el saxofón en las plazas de los pueblos, así que le invitamos un atardecer a venir a tocar el saxo a bordo. Es introvertido y no sabemos nada más de su vida que le apasiona tocar el saxo, y que algún día se hundirá con su velero, al que no dedica demasiado tiempo y parece estar envejeciendo a su lado. También viven aquí desde hace más de 10 años Simoneta y Pietro a bordo del Dream. Ella es el punto de conexión de toda la flota de cruceristas, gestiona una red de información necesaria para todos los veleros que llegan a San Blas, y organiza eventos sociales en la comunidad, como mercadillos para navegantes, para todos aquellos que quieren sustituir sus viejos cachivaches por otros aparatos de segunda mano.

Entre nuestros encuentros fugaces está el de dos chicos veinteañeros holandeses, que llegan a Kuna Yala a bordo de su velerito de 28 pies (unos 8 metros). A bordo no tienen nevera, ni piloto automático, ni ningún otro lujo. Pero desbordan energía y ganas de comerse el mundo. Quieren emigrar a Nueva Zelanda para buscar trabajo. De nuevo es evidente que en la abundancia no está la felicidad, con poca eslora y poco peso también es posible cruzar mares y llegar a todas partes.

Y por nombrar sólo a algunos, también está por aquí el Alea – con Johann y Silvia a bordo preparados después de dos años para cruzar el canal y navegar por los fríos canales de Chile, el Tuvalú – con Imma y Hans que se dirigen al Pacífico el año que viene, el Nuka i Oh – con el carismático Xavier y su familia a bordo, que ya hace seis años pasan anualmente seis meses navegando en San Blas, volviendo el resto del año a sus montañas en los Alpes. Esta vez se llevan un joven kuna con ellos para que conozca Francia una temporada. Y están nuestros amigos del Ju – con Marc, Judit y Aleix que también después de tres años haciendo charter aquí han decidido dirigirse a la marina un tiempo para hacer reparaciones en el barco. Y el Koa, un Outremer con una familia suiza a bordo – con los que compartimos crepes y desayunos – que acaba de cruzar el Canal y van a encontrarse pronto con Dani y su familia a bordo del Lumbaz en el Pacífico…

En Nargana, donde Gina ya tiene algunos pequeños amigos, coincidimos en el parque a menudo con un niño blanco de pelo rubio, que es uno más entre los niños kuna. Suele andar solo, ya que sus padres lo dejan correr libremente por el pueblo, y se pasa el día jugando con los otros niños. Se trata de Uagi (delfín en kuna), que nació en el hospital de Nargana hace dos años. Sus papás llegaron a las islas de San Blas a bordo de su pequeño y destartalado velero, les gustó el lugar y decidieron criar aquí a su pequeño. La madre, alemana, está ahora embarazada de más de 42 semanas, a punto de parir de nuevo.

Llegamos una mañana especialmente calmada a nuestra isla preferida, Green Island. Prisciliano y Adelaida están vendiendo molas en la bahía, el barco de Uagi está fondeado frente a la piscina de la isla. Vemos que el niño corre solo por la playa. Prisciliano nos cuenta que esta pasada noche de luna llena ha nacido en el barco Igua (almendro en kuna), la policía trajo en su barca a la enfermera desde el pueblo para ayudarles durante el parto, todo ha ido bien y la mama y el niño descansan tranquilos a bordo. Ya hay un kuna más entre los kunas! Gina se pasará el día jugando con Uagi, que está fuerte como una roca y a la edad de dos años ya nada solo desde la playa al barco. Un nuevo amigo…. hasta que nuestros rumbos se separen! 😉

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3 pensamientos en “Historias de Kuna Yala

  1. Disfruto enormemente con sus historias. Eperamos algún día poder hacer lo mismo, aunque en pequeña escala!!!! Sigan escribiendo y subiendo fotos que son extraordinarias.
    También vemos el crecimiento de Gina, que por lo visto es una niña inmensamente felíz.
    Buen viaje!!!

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