El Tigre

Al pensar en Kuna Yala – la “tierra kuna”– habrá mucha gente imaginando las islas paradisíacas repletas de cocoteros, rodeadas de maravillosos arrecifes, blancas y solitarias playas, y los ulus kunas navegando entre ellas. Pero hay mucho más que ello en este país. Más cercanas a la costa están las islas donde viven las comunidades, pueblos de más de 500 personas por isla (en las más grandes llegan a vivir hasta 2000), donde todo son chozas colindantes separadas por pequeños caminos, con suerte con alguna calle arenosa central algo más ancha. Es allí donde viven la mayoría de los indios, en islas como Cartí, Nargana, Río Azucar, Isla Máquina o San Ignacio de Tupile, para nombrar solo algunas. Es allí donde los niños van al colegio, donde los sailas se reúnen para deliberar, donde se desarrollan las ceremonias y los festejos. El consejo de cada comunidad gestiona todo un complejo sistema organizativo en el que de forma rotativa se van asignando distintas familias para cuidar cada una de las islas más alejadas, y para recoger sus cocos durante periodos de tres meses.

Pero además de todas estas islas Kuna Yala está también formada por una enorme franja de selva tropical que va desde la frontera con Colombia hasta la provincia de Colón, con una superficie de más de 2300 km2.

Es quizás la zona menos visitada, ya que se trata de selva virgen de difícil acceso por la abundancia de maleza y vegetación. Pero resulta ser de máxima importancia para los kunas, ya que en esta época del año los hombres se adentran en la zona costera para quemar selva y plantar yuca, plátano, caña de azucar, aguacate, mango.. y otros productos esenciales para su consumo. Cada familia posee una zona de plantación, que ellos llaman “finca”, y es allí donde van a buscar las vitaminas necesarias para alimentar a sus mujeres e hijos.

Los kunas prefieren vivir en las islas, ya que están exentas de bichos y animales salvajes. Pero en algunas comunidades, como en la de Playón Chico, se está empezando a hablar de trasladar el pueblo a tierra firme, debido a que con la subida del nivel del mar han ido desapareciendo varias de estas islas coralinas, y es imposible evitar que el mar se vaya comiendo poco a poco sus playas y vaya inundando sus casas.

En Green Island conocemos a Máximo, que nos invita a visitarlo en Río Azúcar y se ofrece a hacernos de guía tierra adentro hasta una cascada que se encuentra a unas dos horas andando por la jungla. Este pequeño y amable hombrecito tiene un pasado accidentado, ya que hace algo más de 20 años y mientras buceaba para pescar unas langostas, fue atacado por una enorme barracuda que le arrancó media rodilla. Desde entonces anda cojeando, pero es atlético y fuerte como una roca. Junto con la tripu del Tuvalú, y un kuna que nos ayuda a cargar con Gina metida en una mochila, vamos siguiendo a nuestro guía, que va cargado con un machete para abrirse camino y una escopeta para ahuyentar a posibles depredadores, o más bien para cazar al por ellos llamado “tigre”, para nosotros conocido como jaguar. El día anterior en su casa nos enseña la piel del último que cazó, una presa ansiada por todo indio que se precie. Aquí vale decir que los kunas se comen todo lo que se mueve, desde tortugas, pasando por cocodrilos, iguanas y todo tipo de peces. Así es su cultura, y no hay manera de hacerles entender que la tortuga está en peligro de extinción en estas aguas, y que de jaguares deben quedar menos de una docena en todo Panamá. Un par de veces les hemos comprado una tortuga que nos han venido a vender al barco para liberarla más tarde.. lo que no ayuda mucho porque enseguida vuelve a ser cazada.

Durante nuestra expedición por la jungla, estamos algo precavidos y pendientes de la aparición del gran jaguar. No aparece, pero el chapuzón en la cascada es suficiente recompensa, y nos contentamos con observar a las pequeñas ranitas coloradas que moran en el río.

Como las ranitas nos gusta morar en esta “tierra kuna”, que vamos conociendo poco a poco más a fondo…

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2 pensamientos en “El Tigre

  1. Desde luego nos encanta este blog – ya que tuvimos la suerte de poder participar en la salida al salvaje! Ya con algo de melancolía, y desde Cartagena de Indias, os saludan los del TUVALU

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