El viaje de Gina

Desde que zarpamos de Barcelona hace justo ahora dos años, tenemos siempre la sensación de estar viviendo un viaje dentro de otro viaje. Son viajes a niveles distintos: por un lado están las velas, el mar, el viento, los nuevos continentes con sus habitantes, el encuentro con otros navegantes que disfrutan de esta vida nómada igual que nosotros.

El otro viaje, igual o más importante, es el viaje de Gina. Ella se embarcó a bordo del Mischief con cuatro meses de edad, inconsciente del viaje que iniciaba. Y ahora – dos años después – su grado de conciencia es total, su desarrollo de bebé a niña ha sido impactante, fascinante, de alguna manera mucho más impresionante y absorbente que todos los países juntos que hayamos conocido y visitado estos últimos años. O mejor dicho, la combinación de ambas vivencias ha sido hasta ahora perfecta.

Durante el primer año su adaptación al barco fue absoluto, durante las noches dormía plácidamente aun cuando el mar estaba embravecido y soplaban 35 nudos de viento. Eso si, nunca se separaba de nosotros, el uno o el otro la llevábamos siempre a cuestas, como una prolongación de nuestro cuerpo. Era así como ella se sentía feliz y protegida. Luego llegó la fase del movimiento descontrolado, de sus primeros pasos en Cabo Verde, antes de venirnos a este lado del Atlántico. Esa época fue quizás la más intensa, por no poder desconectar de ella ni un momento, siempre acompañándola allá donde iba o corriendo detrás de ella. Las cervezas en los bares de los muelles nos las tomábamos separados, siempre haciendo guardias alternativamente.

Pero desde que estamos en Kuna Yala, su desarrollo ha sido tan espectacular que a veces no alcanzamos a entender como puede haber cambiado tanto en tan poco tiempo. Quizás el cambio más visible es que desde hace ya algunos meses nos podemos comunicar con ella perfectamente, ¡ya domina el arte de las palabras! Aquí ha aprendido a hablar perfectamente el catalán con su papá y el alemán con su mamá, además de entender el castellano y el inglés, que hablamos a menudo con los cruceristas con los que nos vamos cruzando. Está aprendiendo a nadar sin flotadores, se tira ella sola de la jupette del barco al agua, se entretiene ella sola cocinando comidas y paseando a sus muñecos de un lado al otro del barco, se sigue riendo cada mañana cuando se despierta, sabe diferenciar un pelícano de una gaviota, un cormorán de una fragata. Se emociona más que nadie cuando hemos pescado algo, recupera el cabo del enrollador cuando Jordi lo enrolla, intenta persistentemente arrancar el motor del dingui, abre y cierra los grilletes de las drizas, se pone de pie en la proa del dinghi agarrada al cabo gritando “Más rápido, más rápido!”, colabora con las tareas del barco que le permite su estatura y fuerza, y sabe el nombre de las islas que visitamos, y cuando no se acuerda pregunta “Cómo se llamaba esta?”.

Es plenamente consciente de la vida que le ha tocado vivir, y hasta ahora parece que la disfruta mucho, lo que hace nuestra convivencia a bordo mucho más divertida e interesante.

Y últimamente, en este viaje apasionante, estamos apreciando en ella un gran proceso de maduración. He amamantado a Gina hasta ahora, naturalmente por los enormes beneficios que la lactancia materna implica para un bebé, pero además por la fácil y práctico que es criar a un hijo sin biberones ni sonajeros, la teta lo suple todo y calma – o duerme – al niño al instante. Además de relajar a la mamá y transmitirle un sinfín de sensaciones de felicidad.

Pero siempre llega el momento en el que toca hacer un paso hacia adelante, de madurar, de crecer. Creo que solamente es buena madre la que no retiene a sus hijos, la que los deja volar, la que les da un empujón para ir hacia adelante. Hacía ya más de una semana que no mamaba después de comer. Le encanta decir que ya se va a dormir como las niñas grandes, sin la teta, pero con todas sus muñecas y peluches a cuestas. En realidad ha dejado de hacer siestas, desde que no toma la teta después de comer ya no se duerme. Así que cae rendida cada noche a las 19h – hasta ahora siempre mamando – lo que nos permite a los papás disfrutar de una merecida cena a dos.

Hoy ha sido un día muy especial. Por primera vez se ha tirado de la popa del barco al agua, lo que hasta ahora le daba miedo. Primero lo ha hecho sentada, después de pie. También ha hecho por primera vez caca en el mar, esa es la manera en la que “evacuamos” a menudo estando a bordo. Se sentía segura de si misma y ya muy “mayor”. Y llegada la noche, me ha dicho que ella ya es grande, y que tampoco antes de irse a dormir necesita mamar. Nos hemos estirado, hemos cantado unas canciones, hemos hablado de lo que hemos hecho hoy, y luego se ha dormido. Ha sido muy emocionante, porque ella por si misma está finalizando esta fase de lactancia que tanto hemos disfrutando y compartido, para pasar a una nueva etapa de su vida. Lo dicho, el viaje de Gina es un viaje de sorpresas y de alegrías, acompañado de un viaje náutico repleto de playas blancas y palmeras.

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15 pensamientos en “El viaje de Gina

  1. Emocionant relat, felicitats per la vostra valentia, per viure la vida que heu escollit!!! Felicitats també a la gran Gina!! Una abraçada

  2. wow, aquest ha sigut un dels pots més emocionants per mi, pot ser el que més! Gracies Cris per compartir i felicitats per tot el que li esteu donant a la Gina

  3. Brutal!!! Quines ganes de retrobar-me amb la Gina i sentir-la parlar! Disfruteu d’aquestes mega aventures, tant la de navegar com la de veure creixer a la Gina. Ens veiem al juliol. Un petó per els tres!!!

  4. Me ha encantado. Es como yo siempre soñé que fuera el día que tuviese una hija.
    Os tengo mucha envidia sana por esa princesita que estáis criando con tanto acierto.
    Un fuerte abrazo a los tres…!!!

  5. Me emociono esta historia. Quiza porque se que significa cruzar el Atlantico. Quiza por ser padre. Quiza porque me encanta navegar. Pero sobretodo me hizo sentir orgullo de aquellos que viven su vida sin mirar atras disfrutando el momento…

  6. Guau Cris. ¡Qué maravilla! Acompañar a los niños en su crecimiento es sin duda siempre un viaje, pero a este se junta el otro viaje. No me queda duda: los sueños se hacen realidad y a veces con una potencia que no podíamos imaginar. Pronto Gina tendrá la edad en que nos conocimos… y dentro de unos días nuestros hijos se conocerán: ¡Arriba los viajes! Love u soulmate! 😉

  7. Hola Cris, gràcies per compartir aquestes vivències tan personals!!!
    En el Tuvalu anyorem a la Gina i a vosaltres també jajaja.
    Molts petonets als tres i espero que ens veiem en Barna 😘😘😘

  8. Fantastic Cris akesta cronica es inmillorable i super tendre, el temps pasa molt rapit x nens i grans i els canvis es produeixen dun dia a un altre. poder esta amb ells casi sempre es collonut xro disfruta ho xke de seguida es fan grans i els pares anem senvsubstituits progresivament x les amistats. La nostra Laia ja es una adolescent i els papis molts cops tornem a ser dos. Ens veiem amb uns dies records els 3

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