Aires de cambio

No he tenido necesidad de escribir ultimamente, seguramente a raiz de que estas ultimas semanas a bordo nos han visitado muchos amigos y familia. Cuando eso sucede, el mundo se hace muy pequeño, somos los de a bordo, disfrutando de la compañia de esas personas que por unos dias irrumpen en nuestras vidas trayendonos sus ideas y genialidades. Pocos dias son suficientes para reconocerse profundamente, ya que en el barco sobran puertas y disfraces y hay mucho tiempo para compartir.

Este prolongado silencio quizás también se debe a que llevamos a Kuna Yala metida ya muy adentro, estas islas y sus gentes son ya muy nuestros, son para siempre. Nos sigue emocionando este paraíso, pero ya de forma mas cotidiana, sin sobresaltos. Empezamos a entender a esos barcos que llevan ya diez años surcando sus aguas, y admirando una belleza que se transforma día a día. No hay dos puestas de sol iguales, ni dos palmeras iguales, como tampoco lo son los ojos con los que las admiramos a diario.

Se avecinan aires de cambio, hemos recibido una oferta por parte de una familia holandesa interesados en comprar nuestro querido Mischief. Ello significa por un lado que se acaba nuestro viaje en velero, por el otro que abandonamos nuestro hogar flotante para cambiar de vida y mudarnos a las montañas colombianas.

Nos fascina el nuevo proyecto que tenemos entre manos, pero ello no quita que nos entristezca el tener que dejar atras un estilo de vida tan autentico, donde somos nosotros los que marcamos el ritmo del paso del tiempo, donde no hay horarios ni actividades preconcebidas, donde cada dia se teje segun el color de nuestro animo y donde el alma tiene el espacio y el tiempo para impregnarse a diario de la impactante naturaleza que nos rodea.

Efectivamente, la necesaria venta del barco viene acompañada de sabores agridulces, por un lado nos permite volar hacia un nuevo futuro, por el otro lado se cierra una etapa inolvidable, dejamos atras el hogar en el que Gina ha pasado los mas importantes años de su vida, los tres primeros, donde la grumete se ha hecho ya tan mayor. Esta es su casa, de hecho el único hogar que ha tenido. Recuerdos y mas recuerdos se amontonan en cada uno de los rincones de abordo, muchas millas recorridas juntos, muchos compañeros de viaje que han impregnado esta casa flotante a lo largo de estos años.

Lo que mas nos va a costar es lo de dejar atrás una manera de vivir el día a día a un tempo mas pausado, donde el sol entona la melodía al ritmo de la cual se mueven nuestros pies. Donde vamos tomando decisiones según el color del cielo o según la direccion que sopla el viento. Allí se encuentra la verdadera felicidad de todo navegante: en su unión con la naturaleza y el mar que nos rodea.

El reto ahora es el de llevarnos allá donde vayamos esa manera de hacer las cosas, esa forma de mirar el cielo, esas sensaciones de plenitud y de libertad que se adquieren cuando se vive a bordo de un velero.

Nuedi, Kuna Yala!

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