El estiércol

El estiércol deberá removerse siempre en Luna Vieja; de esta forma queda mantecoso, desmenuzado, húmedo y con olor incluso agradable. No es preciso ser técnico en agricultura para saber que en tal estado resulta excelente para el suelo, los cultivos y la flora microbiana. Pero, ¿qué pasa si lo removemos en Luna Nueva? El resultado es opuesto al indicado inicialmente: se obtiene un amasijo de pajas y excrementos resecos (incluso arde con cierta facilidad) y adquiere un tono blanquecino.”

Este es un ejemplo del tipo de literatura que corre por casa estos días, se apilan los libros sobre agricultura orgánica y huertas ecológicas al pie de la cama, y un amigo agronomo me ha enviado al Ipad una docena de manuales con títulos como “El A,B,C de la agricultura orgánica”, “Manual del Huerto Biointensivo”, “Como hacer mi huerta sin morir en el intento”, etc. 

Visitamos cada primer sábado del mes el Mercado Agroecológico en Armenia, punto de encuentro de los agricultores ecológicos del Quindío, para vender sus productos 100% naturales, frutas y hortalizas orgánicas, pan de naranja, miel de apicultor, pollos de granja y conejos ecológicos (y eco-duros ;-), dulces de maracuyá, sábila y miel con finalidades terapéuticas,.. todo ellos siguiendo una filosofía de vida y un conjunto de principios éticos en relación a la sociedad, la cultura y el medioambiente.

Y de la teoría a la práctica. En el mercado conocemos a Laura, agricultora sueco-colombiana que desde hace ya tres años produce sus propias hortalizas orgánicas para la venta. Abierta a compartir sus conocimientos, quedo con ella dos veces cada semana para ayudarla en su plantación mientras ella explica y aclara los procesos. Preparamos las eras, nutrimos la tierra con los abonos y fertilizantes que ella misma prepara, nos pasamos una mañana entera plantando las diversas semillas en los semilleros (no sabía lo relajante y meditativa que puede ser esta actividad!!!), y trasplantamos las verduras en los surcos de tierra preparados para ello. Aplica la teoría de la agricultura regenerativa, que introduce nuevas formas de hacer ganadería y agricultura y regenerar el suelo a la vez.

Duro trabajo bajo el intenso sol de este largo y caluroso verano quindiano, pero la recompensa no se hace esperar demasiado, y culmina cuando probamos sus deliciosas berenjenas, ensaladas, remolachas y zanahorias.

Uno parece no estar nunca realmente preparado para empezar a hundir las manos en la propia tierra, pero al igual que la navegación, la agricultura nunca se domina al completo, los conocimientos solamente se adquieren mediante la constante puesta en práctica, corrigiendo errores a lo largo del camino. Así que es hora de dejar incertidumbres de lado y de ponernos a trabajar. Ubicamos en el terreno la zona donde crecerá nuestra huerta ecológica, y empezamos a trazar las eras. Nuestra gran suerte es haber encontrado una inestimable ayuda para todo lo relacionado con nuestro terreno: desde hace ya más de dos meses Don Carlos, también llamado “Terlenca”, trabaja sus ocho horas diarias en el lote. Es un paisa auténtico, un hombre duro, trabajador, honrado y fuerte como un roble, que carga con troncos enormes y los traslada de un lado al otro del terreno. Es maestro del hacha, con la que compite cortando enormes árboles – y ha sido durante gran parte de su vida arriero de mulas.

Decidimos ubicar una zona de barbacoas en el terreno – un lugar donde poder hacer picnics con amigos y sentarnos a disfrutar de las vistas – y Terlenca en un abrir y cerrar de ojos abre bajo los arbolocos una gran superficie plana en la pendiente. Lo paramos a tiempo, de otra manera se nos come la mitad de la montaña!!! Don Leo, también llamado “Repollo”, el mejor leñador del pueblo, ha venido para cortar más de 50 columnas que extrae de los eucaliptus que cortó él con la motosierra hace varios meses, así que Terlenca aprovecha los orillos para construir en pocas horas unas mesas con sus respectivos bancos. Como por arte de magia crea en pocos días una zona recreativa rodeada de belleza, todo un artista y diamante en bruto de creatividad!

El terreno no podría tener desde allí mejores vistas: toda una manada de caballos pastando a pocos metros. Los caballos son de Juan David, “El Pistolo”, al que le alquilamos la tierra para que sus caballos se hinchen con nuestro pasto y nos mantengan el gran verde bajo control.

Es época de extrema sequía, dicen las sabias lenguas que nos invaden las consecuencias del Año del Niño – no ha caído ni una gota en los dos últimos meses – y nuestro abastecimiento de agua, necesaria para regar los arboles y el forraje que hemos plantado, es muy precario. No nos llega el suministro de agua del pueblo por estar ya en zona rural, así que nos abastecemos de un nacimiento que hay en la montaña. Pero con tan poca lluvia Jordi tiene que subir a la cima día si y día también para facilitar el fluir del riachuelo.

Así que – aun sin haber todavía empezado a construir – nos mantenemos bien ocupados! Este pedazo de tierra nos está ya pidiendo mucha atención, y nos está empezando a gustar mucho tener que cuidar de ella.

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