Páginas en blanco

Ese trozo de tierra salentina nos tiene absolutamente absorbidos, ocupados, apasionados, abstraídos. De repente caigo en la cuenta de que hace ya tres meses que no escribo una entrada en nuestro blog, y me pregunto el porqué. Me encanta escribir, relatar el paso del tiempo, los cambios vitales que vivimos. Pero esta nueva etapa de vida trae consigo mucha inmersión, mucha dedicación física y mental, mucha creatividad. Y simplemente creo que no hay espacio para más, dejando a un lado hasta mi necesidad de relatar.

Lo emocionante de poseer un pedazo de tierra es que es como tener un libro con todas las páginas en blanco, donde todo es posible y donde todo está por definir.

La primera página de este libro está destinada a la construcción de nuestro nuevo hogar. Pero hasta ahora esta parte del proyecto ha estado gestándose sólo en nuestros planos y cabezas, ya que durante más de tres meses estuvimos esperando a que la alcaldía de Salento nos diese el anhelado permiso de construcción. Nuestras visitas al Jefe de Planeación – esa insistencia diaria que tan bien nos había funcionado con otros entes públicos colombianos – solamente hacen que empeorar las cosas, y en lugar de agilizar el proceso parece que nuestro expediente va quedándose cada vez más enterrado en el montón de proyectos a la espera de su aprobación. La última visita a la alcaldía es desalentadora y deprimente, nos asegura el huraño y antipático Jefe de Planeación que como mínimo tenemos todavía por delante una espera de 4 meses más.. A partir de ese momento, empezamos a hablar con buenos y bien conectados amigos que prometen mover cielo y tierra para activar la necesaria Vitamina C y forzar la emisión del permiso.

Pero al final no hay necesidad, ya que llegan las elecciones municipales colombianas, y con ellas también un cambio de partido político en Salento. Y como por arte de magia, un día después de que sea proclamado oficialmente el nuevo alcalde, va y nos dan la licencia de construcción. Por casualidades de la vida, el nuevo alcalde es el hijo del ex-alcalde que nos vendió el terreno hace un año. Sin lugar a dudas vivimos – queramos o no – en un mundo politizado.

Así que ya hemos empezado con las obras, y a partir de ahora empieza un intenso trabajo de organización y supervisión, y todo aquello que hemos ido gestando y plasmando en el plano, empezará a tomar forma en la realidad. Para el mes de febrero esperamos poder mudarnos a la pequeña casita de agregados que será la primera en construirse en el terreno, lo que nos convertirá al fin en residentes salentinos.

Aunque es allí – en el pueblo – donde pasamos la mayor parte de nuestro tiempo. Cada mañana, después de dejar a Gina en el colegio, emprendemos el camino por esas ya tan queridas curvas boscosas hasta Salento.

Y se abre ante nosotros una nueva página en blanco por escribir: la de nuestra Huerta Orgánica. Las enormes ocho eras están excavadas en terrazas en la zona más baja del terreno, rodeadas de un bosque autóctono. Al haber sido originariamente esta una zona de pasto, la tierra allí tiene un alto grado de acidez. Así que con la ayuda de Terlenca nos pasamos los últimos tres meses abonando y fertilizando esa increíble tierra negra a base de cal, de compost y de tierra de lombricultura. Le he cogido tanto cariño a la tierra, y tanto disfruto amasándola y hundiendo los dedos en ella, que hasta ahora no me he decidido a sembrarla. Pero el gran momento está al caer, ya que en nuestro nuevo semillero crecen a ojos vista el brócoli, la rúcula, las acelgas, las uchuvas, los cebollinos, las espinacas, las ensaladas.. ya convertidos en pequeños arbolitos listos para ser transplantados a la ya fertilizada tierra.

Intentamos que las semillas sean orgánicas, muchas compradas, pero otro tanto regaladas por los así llamados “guardianes de semillas”, que desempeñan la valiosa función de colectar e intercambiar semillas autóctonas de frutos o legumbres ya olvidados o extinguidos, y que no han sido genéticamente modificadas. Claudia, la guardiana de Salento, nos colabora una vez por semana y lentamente le vamos ganando monte al pasto, plantando chia, quinoa, chocho, ají, ajonjolí, flores jamaicanas…. Todo un mundo nuevo por descubrir.

Hace ya más de un mes que terminaron esos árido y larguísimos meses de absoluta sequía debidos a un Año del Niño especialmente intenso. La falta de agua necesaria para las plantaciones y el ganado estaban en boca de todos. Las intensamente verdes montañas del Valle de Cocora lucían tristes tonos ocres y amarillos. Así que recuerdo esos primeros días de lluvias intensas con una vibrante alegría generalizada, esos cielos oscuros de nubarrones negros, la bajada de las temperaturas, el olor fresco del pasto que volvía a rebrotar y a revivir. Pura felicidad!!

A raíz de esas primeras lluvias plantamos un cerco de Eugenias, que marcarán de verde nuestro lindero. Y los caballos volvieron al terreno, ya que en tan solo pocas semanas se recuperó el pasto hasta volver a hacer desaparecer a Gina entre sus mares de verdor.

Y otra página en blanco emerge de este libro, una que nace de un sueño que quizás siempre estuvo allí, de un deseo por aportar un granito de arena a la educación de los niños. En el lado derecho del terreno hay una zona sombreada por altos eucaliptos, donde visualizamos un espacio para los niños, un lugar donde cada tarde se reúnan niños de todas las edades para aprender, intercambiar, conocer, explorar y sobre todo divertirse. Compañeros de juego de Gina, que disfruten rodeados de esta exuberante naturaleza.

Duberly, uno de los promotores de la Aldea del Artesano de Salento, una pequeña aldea donde viven y trabajan creando una decena de artesanos, es el maestro de la guadua, también llamado bambú americano originario de los bosques andinos. En tan solo una semana nos construye una preciosa casita de guadua donde a partir del mes de febrero cada tarde tendrán lugar los talleres creativos para niños: manualidades, expresión corporal, yoga, huerta y cocina, cuentos y canciones…. Una razón más para pasarlo bien con los más pequeños apoyando su creación artística. La web en construcción ya está online: www.granazul-kids.jimdo.com

Un vertiginoso y altísimo columpio, un tobogán azul, un arenero… poco a poco se va escribiendo la página, sin prisa pero sin pausa… todo va cogiendo forma.

Agradecidos estamos de poder ir llenando las páginas de este libro en blanco, siempre intentando mantenernos conectados con el aquí y el ahora. Estas montañas se asimilan al mar justamente en eso, que son eternas y te transportan constantemente al momento presente!

 

 

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